viernes, 20 de octubre de 2017

El altar de la Patria en la Plaza de la Bandera. Catalina CICCIA DE CHÁVEZ

CICCIA DE CHÁVEZ, Catalina El altar de la Patria (Lima, 2017, 150 pp)
El Patronato Cívico Cultural de Pueblo Libre presentó en el auditorio
del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú el
libro "El Altar de la Patria", este jueves 19 de octubre a las 7:00
p.m.
Como tuve la suerte de ver y gozar con este bello testimonio de
compromiso patriótico, les comparto alguno de sus datos tomados de la
web del MNAAHP. Y de la Asociación:
http://www.plazaalabanderaperu.com/
La publicación entregada gratuitamente a los asistentes, cuenta la
historia del crecimiento urbano que se dio al lado del complejo
arqueológico Mateo Salado, en Pueblo Libre, a través de la vida de la
autora, Catalina Ciccia de Chávez, quien es una de sus primeras
residentes y líderes vecinales de esa localidad.
De este modo se da a conocer sobre sueños y problemas que tuvieron que
sortear los primeros residentes de la prolongación Av. 28 de Julio,
aledaño a Mateo Salado, en los 60s, cuando sus primeros habitantes se
instalaban y buscaban establecer no solo un hogar seguro para sus
familias, sino también un sitio donde pudieran reivindicar su amor a
la patria. Este era la Plaza de la Bandera, espacio que colinda con el
sitio arqueológico y une a los distritos de Pueblo Libre, Breña y
Cercado de Lima.
Así, en la Plaza de la Bandera se congregarían sus residentes,
autoridades civiles, municipales, castrenses y altos mandatarios para
venerar a la Patria y la Bandera peruana, así como los antiguos
peruanos se reunieron en el sitio arqueológico Mateo Salado, siglos
atrás, para renovar su compromiso y respeto por sus divinidades y
entre ellos.
El acto cultural contó con las palabras de bienvenida del Sr. Iván
Augusto Ghezzi Solís, Director del MNAAHP, del director del complejo
arqueológico Mateo Salado, Arql. Pedro Espinoza, y del miembro
directivo del Patronato Cívico Cultural de Pueblo Libre, Sr. Víctor
Reyes Inca y Ramón del Valle Cárdenas, que entregó a Catalina Ciccia
la Medalla "Dr. Julio C. Tello" en el marco de los 197 años de la
institucionalización de la Bandera del Perú. .
Emocionante y significativo fue el "intermedio musical" protagonizado
por los niños y jóvenes del Centro Musical "Villa Los Libertadores"
dirigidos por la Sra. Bertila Burga, quienes se revelaron como
auténticos profesionales en sus poemas, canciones, danzas que
destilaron el más puro sabor patriótico que llegaron a conmover al
auditorio.
Aunque no pude felicitar personalmente a la autora, lo hago desde aquí
públicamente porque su ejemplo de perseverancia, liderazgo, gratuidad
en alcanzar esta meta debe ser un estímulo que se multiplique por todo
el Perú, en vísperas de su Bicentenario. Cierto que no podemos hacer
todo pero si no hacemos esa porción que Dios nos propone como ha
sentido Catalina –su esposo José, sus hijos José y Lucía, impulsores
de la publicación- se quedará por hacer.
Estas páginas escritas con el corazón son un testimonio de amor
patrio, de iniciativa particular y de saber concordar voluntades
institucionales para una bella empresa, tal como se muestra en la
contraportada y que les ofrezco en la foto.
¡Que cunda su ejemplo por todo el territorio y que no se cansen nunca
de estar trabajando siempre!
HISTORIA
En 1983, se funda dicha Asociación y el primer logro es la edificación
de la mencionada plaza que hoy sirve de para ceremonias cívico -
patrióticas, una de las principales actividades de cada año, son las
ceremonias dominicales de Honores e Izamiento del Pabellón Nacional,
donde se rinde homenaje a los Héroes nacionales, civiles y militares.
El segundo logro: Museo de Homenaje a la Mujer Peruana en la Defensa
de la Nación.
Plaza a la Bandera

Antecedente
La Plaza a la Bandera fue construida en el año de 1978 gracias al
esfuerzo y apoyo económico de los vecinos de la Urbanización Parque
San Martín, que se agruparon en un Comité Pro - Obras bajo la
presidencia de la señora Catalina Ciccia C. En el año 1980 fue
inaugurada con la presencia del señor Presidente Constitucional de la
Republica don Fernando Belaunde Terry, quedando así cumplida una de
las más ansiadas metas de la Presidenta y de su familia.
Primera Etapa: Construcción de la Plaza a la Bandera
La construcción de instalaciones para resguardar la driza, el anclaje
de la "asta" monumental fue una las primeras acciones emprendidas,
posteriormente fue la colocación de la "moharra" en la parte superior
del asta monumental de 39 m. de altura; el suministro de la corriente
eléctrica para los equipos de amplificación de sonido; la colocación
de pastorales para una óptima iluminación del área de casi 20 mil
metros cuadrados: la configuración y decoración de áreas verdes, con
plantas de raíces permanentes y árboles ornamentales apropiados; el
arreglo de veredas interiores con la construcción de sardineles y
defensas metálicas; la señalización y numeración de zonas de
emplazamiento para los cientos de concurrentes, fueron acciones
desarrolladas en la primera década desde la fecha de inauguración.
Segunda Etapa: Proyecto en Trámite de Consolidación
La construcción del conjunto arquitectónico de los Símbolos Patrios,
ubicada en la zona norte de la Plaza a la Bandera se hizo realidad
después de casi un quinquenio de trámite y al apoyo del Ministerio de
Defensa, la Municipalidad de Lima y de Consorcios particulares: quedo
así conformado el espacio de los muretes con lajas ornamentales y
nueve placas de bronce (1.20m X 0.90m), graficadas con la historia de
los Símbolos Patrios (banderas, Escudos e Himno Nacional) los autores
y compositores, fechas, leyes y decretos que los originaron.
La colocación de cuatro "astas metálicas" de doce metros de altura
para el Pabellón Nacional y Las Banderas Municipales, debían
izarse/arriarse diariamente de lunes a sábado, de 08:00 a 18:00 horas,
complementaria este conjunto de 25 metros lineales de frente, un
jardín con diseño especial de plantas blancas y rojas en el centro
mismo.
En el periodo 1995/2001 continúan los trámites ante Ministerios
Municipalidades, Embajadas y Particulares, para la financiación y
terminación de esta etapa en la Plaza a la Bandera con la colocación
de la estatua de la madre patria (2.00m.) en la parte central del
conjunto arquitectónico.
Las "astas metálicas "serian reubicadas al lado derecho de la estatua,
para recibir al Pabellón Nacional, y las Banderas Institucionales de
las FFAA y de la PNP. La iluminación nocturna con reflectores, espejos
de agua y flores acuáticas darían un acabado especial y único en su
diseño a esta zona de la plaza.
Como una forma de resguardar las instalaciones, se colocaría un
enrejado ornamental a todo el perímetro para regular la afluencia de
viandantes durante todas las horas del día y noche.
Siempre en la zona Norte y en el perímetro exterior de la plaza,
colindante con él límite del área de los monumentos arqueológicas
Incas de la Huaca Mateo Salado, se colocaría un Mural de 80.00 m. de
largo X 5.00 m de altura, con un capitel central de 9.00 m para
recibir las figuras en alto relieve de los Libertadores de la
Independencia del Perú, el Generalísimo José de San Martín y Don Simón
Bolívar; el primero de ellos portando en alto la primera Bandera con
la cual proclamó la Independencia del Perú, el Segundo libertador al
frente de las tropas que participaron en la batalla de Junín y
Ayacucho, que consolidó la Independencia del Perú y concluyó con el
dominio español en América.
El revestimiento sería con material de pepelma, la distribución de
colores y la apropiada iluminación, darían al marco de este mural, que
mostraría también a todo lo largo de su base, sendas placas de
cerámica de 0.15 x 0.20 m. mostrando los escudos de cada uno de los
Departamentos y Provincias de la República del Perú
Tercera Etapa: Proyecto Final "Altar de la Patria"

La configuración de esta etapa en el "Altar de la Patria" o "Plaza de
la Peruanidad" como ha sido denominada en los últimos diez años
comprendería la remodelación de los ambientes interiores adyacentes a
los jardines, así como la zona central donde se yergue la asta
monumental. No estaría completa esta Plaza a la Bandera, sin la
colocación de estatuas de los máximos exponentes y destacados
defensores de la Patria; del Ejército, Marina de Guerra, Fuerza Aérea
y Policía Nacional que tengan la categoría de patrones institucionales
y de héroes reconocidos por la Nación. El 21 de octubre del 2014 fue
reinaugurada la Plaza a la bandera con el nuevo diseño que incluye una
explanada más amplia, áreas verdes, monumento a la madre Patria, Don
Jose de San Martin y próximamente a todos los héroes de nuestras
fuerzas Armadas y Policiales
Mensaje a los Amigos y Ciudadanos
La Presidenta y el Jefe de Relaciones Públicas de la Asociación
Cívica Peruana, se sienten muy complacidos de haber contribuido en los
veinte años transcurridos, a la realización de estos proyectos y
muestran su preocupación por la culminación de las etapas faltantes
antes del bicentenario de la Independencia del Perú, en el año de
2021- Los ciclos vitales de todo ser humano, tienen su proyección en
el tiempo - espacio; nadie está exento de ello, menos los autores de
este proyecto, por ello invocamos a nuestros dilectos amigos, a los
respetables ciudadanos del siglo XXI, tal vez a un joven patriota
peruano residente en algún país del mundo o un connotado ciudadano que
nunca podremos conocer, a proseguir nuestra obra con el mismo tesón de
nuestros antecesores, que en su época lucharon incansablemente para
consolidar nuestro pasado, enseñándonos a amarlo y respetarlo.
¿Deseas tu participar en este Proyecto?...
CATALINA V. CICCIA CICCIA -- JOSE A. CHAVEZ DENEGRI

A los Peruanos de todo el Mundo
"DESCANSAD EN PAZ HEROES PERUANOS
LA JUVENTUD HOY AQUÍ PRESENTE, RENUEVA SU
JURAMENTO DE HONOR Y FE EN USTEDES Y EN
NUESTRA PATRIA............"EL PERU"
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lunes, 16 de octubre de 2017

PERIFERIAS EXISTENCIALES DEL PAPA FRANCISCO. P. Juan Antonio Nureña

El Padre Juan Antonio Nureña nos identifica cinco claves en sugestivo
y profético asunto de las periferias existenciales, tan prioritario en
Francisco.

El librito editado por el Fondo Editorial de la UCSS fue presentado en
la IV Feria del Libro Católico por las docentes de la UCSS, Graciela
Ozú y Janina Navarro.
Las dos coincidieron en señalar la certera elección del valor clave en
la vida y misión del Papa, que, desde la misericordia, apuesta por el
compromiso con las periferias existenciales, las propias y las de los
excluidos.

En primer lugar, siguiendo el ejemplo del ministerio de Jesús donde se
da un movimiento de reforma de su tiempo, que comienza desde las
periferias de la sociedad judía, pues Jesús comienza su ministerio
desde Galilea, ciudad de las periferias, de los pobres, de los
abandonados, para terminar su vida pública yendo hacia la ciudad de
Jerusalén (Mc 9,30-31), que era el centro de la religión y era también
el centro del poder económico, comercial y centro de la sociedad.
También Jesús, en el evangelio de Mateo (Mt 16,13- 18), en Cesarea de
Filipo, que era la periferia más lejana donde Jesús había estado con
sus discípulos, es donde nombra a Simón como Cefas: ―Piedra‖,
constituyendo así el inicio del ministerio Petrino, así el ministerio
Petrino, comienza por tanto, desde las periferias y es así que el Papa
Francisco constituye su ministerio de esta manera.

En segundo lugar, a través del soplo del Espíritu Santo que suscita y
crea los movimientos comprometidos con la pobreza, como el movimiento
de San Francisco de Asís y las órdenes mendicantes, tan en línea con
la austeridad de la vida del Papa Francisco que es todo un reto,
―"¡cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!" nos repite.

La tercera clave se relaciona con su espíritu innovador, a imagen de
San Francisco de Asís que se identificaba con los pobres como Jesús,
él ha dicho muchas veces que el mundo se ve mejor desde la periferias
(pueblos jóvenes), él vivía allí con ellos en Buenos Aires. Ha tenido
su visión desde la periferia. Y es desde la periferia que está
cambiando el gobierno de la Iglesia, un ejemplo claro de innovar el
gobierno de la Iglesia está en el colegio de cardenales al que ha
nombrado de periferias del mundo como de Myanmar, Isla de Tonga una
isla perdida del Pacifico. De igual modo en sus viajes llega a las
periferias de cada país, por ejemplo en México, viajó de la ciudad a
Chiapas, con los indígenas y celebró la misa en sus lenguas y a ciudad
Juárez, frontera con EEUU. Normalmente se encuentra con gente
indígena, presos, enferma, es consciente que allí en las periferias se
hace presente Jesús. En la exhortación apostólica Amoris laetitia, no
cuestiona la doctrina del matrimonio, sino que busca acompañar las
personas en las fronteras o periferias de sus vidas.

En cuarto lugar se refiere al modo y manera de trabajar. Cuando cambia
la época, las leyes se renuevan para tomar en cuenta la nueva
situación por tanto, la Iglesia debe cambiar, no en su doctrina sino
en su forma de ser y de actuar. Mencionaba por ejemplo que «La Iglesia
es un hospital de campo en donde se curan las heridas», existe para
acompañar, no para condenar las personas sino para ayudarlas, existe
para facilitar un encuentro.

Por último destaca la necesidad de una conversión pastoral a través de
la misericordia de Dios. Por tanto, el Papa nos invita a cambiar la
óptica de la visión cotidiana y fría, en la lógica del amor de Dios y
de la misericordia de Jesucristo para sanar las heridas de las
personas, salir en búsqueda de ellas, tomar riesgos, acompañar las
personas en las fronteras o periferias de sus vidas, recogiendo el
texto del anuncio misionero de Mt 28,19, pone en el umbral, la
solicitud de la Iglesia a ser misionera, el llevar a Cristo a todos
los hombres, a las periferias existenciales.
¡Qué gusto da comprobar que la inspiración del Papa en el momento del
cónclave "no te olvides de los pobres", se está convirtiendo en un
estilo, una actitud, la misma que vivía ya como obispo en Buenos
Aires! El año de la misericordia, sus gestos permanentes, la propuesta
de nueva Jornada Mundial, la de los pobres, "que –como muy bien nos
dice- aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a
todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los
pobres" (n.6) .
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miércoles, 11 de octubre de 2017

CATALUÑA, TIERRA DE SANTOS

El mundo mira a Cataluña. Y yo me he preguntado sobre los santos catalanes, busqué en internet  y me encontré con un estupendo artículo del célebre Francisco José Fernández de la Cigoña y se lo comparto. Como ilustración me parecía que debía estar un vitral de la Sagrada Familia, obra del siervo de Dios, catalán, Gaudí. Que lo disfruten.

El arquitecto de Dios Antonio Gaudí i Cornet murió con fama de santidad en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona (que era entonces un hospital de beneficencia cristiana para pobres) el 10 de junio de 1926. Sus restos fueron enterrados en la cripta del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Al tratarse de un laico (es decir, Gaudí no era ni sacerdote ni miembro de una orden religiosa) y por diversas circunstancias de la historia de Cataluña y de la Iglesia, nadie se ocupó ni promovió oficialmente su beatificación.

Sesenta y seis años después, el 10 de junio de 1992, la iniciativa la tomó un grupo de dos arquitectos, un escultor, un escritor y un sacerdote, impulsados por este último, el Dr. Ignasi Segarra. Los cinco constituyeron la Asociación pro Beatificación de Antonio Gaudí. Por tanto, la iniciativa no ha partido de ninguna institución religiosa, ni del Arzobispado de Barcelona o la Junta de Obras del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

La Asociación, con personalidad jurídica civil, está inscrita en el Registro de Asociaciones de la Generalidad de Cataluña. Está desvinculada de las otras asociaciones gaudinistas. Su finalidad exclusiva es promover la beatificación de Gaudí, para lo cual cuenta únicamente con el trabajo voluntario y con los donativos ingresados en su cuenta corriente o depositados en la hucha colocada al lado de la tumba del Arquitecto de Dios.

Cuando se lanzó la idea, la opinión pública mundial –católica y no católica- se mostró muy favorable. Sólo se opusieron algunas personas de la ciudad de Barcelona con intereses concretos en la obra de Gaudí.

La Asociación pro Beatificación de Antonio Gaudí distribuye miles de estampas para la devoción privada en catalán, castellano, inglés, japonés, alemán, francés, italiano, portugués, polaco y coreano. Las próximas lenguas serán euskera, holandés, ruso y húngaro.

 

Gaudí sin prisa Todo el mundo lo sabe: cuando a Gaudí le preguntaban, con impaciencia, cuándo se terminaría el Templo de la Sagrada Familia, él respondía, sin impacientarse: «Mi amo no tiene prisa...», además de eludir cualquier cronometraje, también expresaba, con esta respuesta, en qué perspectiva situaba su obra. Han sido muchos, no obstante, a quienes la Sagrada Familia ha puesto nerviosos. Y no sólo a causa de la lentitud de su edificación, sino, muy a menudo, por cuestión de gustos o criterios estéticos, siempre respetables y discutibles a la vez. A veces también ha influido el hecho de que se trate de una edificación religiosa, ahora que dar señales de vida cristiana es considerado, en ciertos ambientes, políticamente incorrecto. Últimamente a algunos les ha hecho perder los estribos la iniciativa de introducir el proceso de canonización de Antoni Gaudí. Quienes han tenido la idea están convencidos de que el hombre que proyectó la Sagrada Familia como una versión en piedra de la tradición cristiana y católica, fue además de un artista eximio, un hombre de fe, por encima del nivel ordinario. Es decir, un cristiano que puede ser ejemplo de cristianos, un santo. Y han hecho, pacíficamente, los primeros pasos de un largo camino que puede llevar al reconocimiento por la Iglesia de la santidad de Gaudí.

Quienes han introducido la causa de Gaudí tienen razones muy sólidas para hacerlo y ejercen un derecho reconocido en el interior de la Iglesia. Los organismos competentes de la Santa Sede han acogido su propuesta positivamente. Pero a partir de ahora, comienza un análisis concienzudo y más bien lento de los pros y los contras. También aquí, como en la obra de la Sagrada Familia, no hay prisa.

Ahora bien, yo he tenido ocasión de percibir que el encanto del templo lleva al encanto de la fe. Por eso no me cuesta demasiado mantener la esperanza de que sus piedras hayan sido realmente tocadas por mano de santo. (Joan Carrera Planas. Obispo auxiliar de Barcelona. Catalunya Cristiana. 30 Marzo 2000)

CATALUÑA, TIERRA DE SANTOS

Francisco José Fernández de la Cigoña,  http://idd0098d.eresmas.net/catsants.htm

 Si España ha sido tierra de santos, esplendorosa, asombrosa cuna de santos, no pocos de ellos los santos más extraordinarios de la Iglesia universal, Cataluña, una de las regiones más singulares de esta España plural y diversa, por su lengua, por su historia, por el carácter y las costumbres de sus gentes, por la belleza de sus paisajes, la riqueza de sus monumentos, la singularidad de su arte..., ha contribuido a esa legión de santos de un modo también verdaderamente singular. Hasta el extremo de que podríamos decir que fue la parte de España que más santos ha dado a España, que más santos ha dado al cielo.

De ese tesoro inmarcesible de la santidad en Cataluña es de lo que vengo hoy a hablaros. Con admiración, con santo orgullo ante este inmenso vivero de los santos de mi España y con un dolor inmenso al ver como la tierra más católica de mis tierras, como la cuna de más santos de mi patria, se ha convertido hoy, por no se sabe qué satánico designio, o a lo mejor si se sabe y después de mis palabras podemos llegar a alguna conclusión, en el lugar más secularizado de España, donde menos se cree en Dios, donde más se vive en su ignorancia, en su desprecio y hasta en su insulto.

El que fuera obispo de Vich, Torras y Bages, dijo en una ocasión que Cataluña sería cristiana o no sería. Yo no sé si ha dejado de ser Cataluña. Lo que sí puede afirmarse es que está a punto de dejar de ser cristiana. Y no sólo en las grandes urbes, esa inmensa Barcelona y sus poblaciones satélites, que han recogido aluviones de emigrantes que dejaron en sus pueblos de origen, catalanes o del resto de España, sus creencias ancestrales. También la Cataluña rural, la que había sido, sobretodo, la tierra fértil en la que germinaron tantas hermosísimas flores del cielo, es hoy un yermo católico, un desierto agostado, un territorio en el que apenas las maravillas de un Pantocrátor románico o un claustro gótico recuerdan a un turista, generalmente tan descreído como quienes viven a la sombra de tales cumbres del arte, que aquello fue un día, no muy lejano, patrimonio de Dios.

Os voy a hablar de santos. De santos de Cataluña. Casi todos ellos nacidos aquí. Casi todos ellos reconocidos por la Iglesia y ya, beatificados o canonizados, en los altares. Pero también os hablaré de algunos que todavía no han sido reconocidos como tales oficialmente. Seguramente lo serán, antes o después. O tal vez no. Para mí fueron santos. Son santos. No comprometo para nada el juicio de mi Santa Madre Iglesia. Es una opinión particular y, como tal, la proclamo. Y así debéis entenderlo cuando los incluya en este elenco de santos. Algunos no nacieron en esta tierra, hasta ayer bendita, pero aquí se santificaron. Y de qué modo. Yo me encomiendo a ellos como a los que están ya, por declaración oficial y solemne de la Iglesia, en los altares. Qué ellos, santos y "santos", catalanes de nacimiento en su inmensa mayoría o de adopción, testigos de Cristo en esta hermosa tierra desde los mismos días de Cristo, conviertan la oscuridad presente en la luz clara que siempre había sido Cataluña, el descreimiento de Dios en la fe de sus mayores, las blasfemias habituales del día en un nuevo Virolai maravilloso, como el de mosén Cinto, para gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre, la Mare de Déu de Montserrat, de la Mercé, de Nuria, de la Cinta, de Tura, del Miracle...

Nacía la Iglesia de Jesucristo y nacía Cataluña para Cristo. Pablo, el Apóstol de los gentiles, llegó a estas tierras a bautizarlas. Y, ¡vaya si las bautizó! Los santos catalanes de las persecuciones romanas. Los hermosos santos de aquellos días de circo y de sangre. No había entonces notarios con sus protocolos. Apenas escritura. El amor a Dios, y la muerte por ese amor, se transmitía de boca a oído, al calor de la lumbre. De padres a hijos. De madres a hijos. Con amor. Con piedad. Con unción. ¡Qué de extraño tiene que, tras tanto relato, en el que la voz entrecortada por la emoción del relatante se encontrara con los ojos abiertos como soles, en la admiración y el culto, de quienes lo escucharan, se equivocara un nombre o se adornara una muerte, ya de por sí bastante hermosa! Alguien interpeló a alguien que subía con unción emocionada, de rodillas, los peldaños de la Scala Santa de Roma: ¿Pero, puedes creer que esos peldaños son los que subió Cristo para llegar al pretorio de Pilatos en Jerusalén? Yo lo que creo, le respondió, es que millones y millones de hermanos míos en la fe, subieron esta escalera recordando la pasión de Nuestro Señor. Y por eso la subo de rodillas. Recordando la pasión de Cristo. Lo de menos es que sus divinos pies pisaran estas escaleras. Si, además, los hubieran pisado, mejor que mejor, pero eso tiene apenas importancia. Yo recuerdo, como todos los que han pasado por aquí, su sacrificio y su redención y bien poco es que lo haga subiéndola de rodillas.

Pues algo así. ¿Qué el mártir no se llamó de ese modo, qué se le confunde con otro de Alejandría o Tracia, qué no ha llegado constancia documental hasta nosotros, o que esa constancia es tardía e interesada para dignificar un lugar o un culto? Tal vez. Tampoco podemos asegurarlo. Pero nuestros mayores, nuestros primeros padres en la fe, fueron testigos, usque effusionem sanguinis, hasta la muerte en el martirio, de Cristo Nuestro Señor. Y ese testimonio, y sus reliquias, eran venerados por la comunidad cristiana. Como el de personas que por amor a su Redentor entregaron todo, hasta la vida. ¡Qué importa que el paso de los siglos haya confundido un nombre, una fecha o un lugar! ¿Es qué Dios no habrá escrito en las páginas del cielo fecha, lugar y nombre? ¿Es que honramos menos a una Livia, si se llamara así, porque la llamemos Tecla, o porque digamos que fue sacrificada en Milán si lo hubiera sido en Agrigento o en Mérida? El racionalismo, el querer sujetar todo a nuestras pobres estructuras mentales, es la negación de la religión del misterio. Y nuestra religión es la del misterio. La del hermoso e incomprensible misterio en el que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnó de Santa María, Virgen, y, muerto, en redención por nuestros pecados, resucitó. Y está en los Cielos. A la derecha de Dios Padre. Este es el misterio de nuestra fe. Pues para que nos vengan a pedir la partida de nacimiento de santa Eulalia.

Los mártires de las persecuciones romanas. Los santos mártires de las persecuciones romanas. Acabábamos de ser bautizados y ya estábamos muriendo por Cristo. En toda España, en esa España que entonces aun no existía y era apenas una, o varias, provincias de Roma. Y en esa hermosa gesta ya estaba Cataluña. Y en puesto de honor.

El Peristephanon, de Prudencio, ya en el siglo V, nos habla de Fructuoso, Augurio y Eulogio de Tarragona, obispo el primero y diáconos los segundos, ejecutados en la persecución de Valeriano y Galieno a mediados del siglo III. Félix, de Gerona, también era recordado por Prudencio. San Narciso, santo de tanta raigambre en la ciudad altocatalana es más discutido. Yo prefiero encomendarme a él, como hicieron tantos gerundenses a lo largo de los siglos. Cucufate, o Cugat, que parece nació lejos pero que vertió su sangre en la hoy capital del Principado. La encantadora figura de Eulalia de Barcelona, que algunos han querido identificar con la de Mérida y otros pura y simplemente negar, nos parece que, con todas las inseguridades propias de tan lejana época, debe ser reivindicada y conmemorada en Cataluña. Y la virgen Tecla, aunque no hubiera nacido ni muerto en Cataluña, venerada durante siglos por los hijos de Tarragona. Los gerundenses, hoy también tan discutidos, Germán, Justurio, Paulino y Cicio. Los obispos de Barcelona, Paciano y Severo, el segundo de ellos más dudoso. Las mataronesas Juliana y Semproniana martirizadas en San Cugat a comienzos del siglo IV como han sostenido siempre los hijos de Mataró. San Anastasio a quien Lérida se encomendó en sus necesidades. San Magín, a quien Cataluña tuvo tanta devoción. El popular Medir, al que algunos quieren identificar con el calagurritano Emeterio, otros vinculan a Severo de Barcelona y otros niegan sin más. La calafeña Calamanda, posiblemente confundida con santa Alamanda merece más dudas en cuanto al nombre que respecto a la autenticidad de las reliquias que todo hace suponer son las de una mártir de Jesucristo. Aquí veis una prueba clara de lo que os decía. ¿Qué más da que los hijos de Calaf no hayan acertado con el nombre de la mujer santa y mártir que veneran? ¿Es qué lo importante es el nombre? ¿O lo es el ejemplo de una mujer que sufrió martirio por su fidelidad a Jesucristo? ¿Qué honramos? ¿Un nombre o una persona y unos hechos? Y Eudaldo, Sixto, Ponce, Víctor, los innumerables mártires de Gerona... Y el recuerdo de tantos otros, mártires ignorados para nuestra escasa ciencia pero que figuran en letras de oro en el libro de los Cielos, deben ser rememorados aquí, en testimonio de nuestra cristiana piedad hacia ellos, y de nuestra orgullosa y proclamada herencia de su testimonio.

Caído el Imperio, llegó a España la era de los Obispos santos. Suerte afortunada la de los pueblos en los que son santos sus obispos. Y la España visigoda fue santa en sus obispos. Sí, ciertamente, las hermosas figuras de Hermenegildo y Leocadia no eran episcopales. Pero a su lado, Ildefonso, Eugenio, Julián, Isidoro, Quirico, Leandro, Floresindo... Y, con ellos, Paciano de Barcelona, muerto al frente de su diócesis en los últimos días romanos. Félix, de Urgel, que, ya recién caído el imperio visigótico, fue con Beato de Liébana, el campeón de la doctrina católica frente al adopcionismo de Elipando que pretendía para Jesucristo esa disminuida filiación respecto del Padre. Juan Biclarense, de origen portugués, pero que consolidó sus años de servicio de la iglesia al frente de la de Gerona. El barcelonés Idalio o Idacio, el urgelés, Justo, hermano de otros tres obispos, Justiniano de Valencia, Nebridio, de Egara, nuestra actual Tarrasa, y Elpidio de Huesca...

La noche oscura de la invasión musulmana pareció acabar con España y con la fe. Eso podrían imaginar quienes no conocieran lo que era España, quienes no supieran de la fuerza inmensa de la fe. Y cuando todo se había arrasado, en cien riscos distintos de Asturias, Navarra, Aragón y Cataluña, aquellos españoles que se negaban a someterse a la fe de Mahoma, tomaron sus espadas, invocaron a su Dios y comenzaron la Reconquista.

Gesta hermosa que duró ocho siglos en los que España se fue haciendo, golpe a golpe, sangre a sangre... Gesta santa en la que se combatía por Dios y se invocaba a Santa María y al Señor Santiago. En la que con una mano se sostenía el arma con la que se contenía y derrotaba a la morisma mientras que con la otra se construía la humilde iglesia del pueblo o la gran catedral de la urbe, se tallaba la fachada de Ripoll o la Virgen de Montserrat, o se pintaba a Cristo y a su Santísima Madre en los muros asombrados de Tahull. Son pocos los santos de aquella época quizá porque eran muchos los santos que entonces vivían en las tierras de reconquista para Dios. Luchando por él como cruzados de su causa o viviendo como Dios mandaba en la Cataluña que renacía. Pocos al principio porque enseguida la lista comenzó a agrandarse. Próspero, prelado de Tarragona en el siglo IX. Galderico, también discutido, tan parecido a San Isidro labrador. La figura impar del abad Oliba, unida para siempre a la fundación de Cataluña. Los abades de tantos monasterios sin los cuales Cataluña no sería lo que es: Ripoll, Cuixá, Poblet, Montserrat, Santes Creus, San Cugat... Es imposible nombrar a todos. Que los nombres de Protasio de Cuixá o de Sancho de Fontfreda de Poblet nos sirvan para evocar la impresionante historia del monacato en Cataluña.

Y ya en el siglo XII, Olegario, obispo de Barcelona, importantísima figura sobre la que ya no se cierne la menor duda histórica. San Ramón de Roda, obispo de Roda de Isábena nacido en la Anoia. El santo obispo de Urgel Odón, patrón de aquella diócesis. La simpatiquísima historia de Bernardo de Alcira que, aunque natural de Valencia y martirizado en aquellas tierras, fue monje en Poblet. Hijo del reyezuelo musulmán de Carlet llegó a Cataluña para tratar del rescate de unos moros cautivos. Y quedó tan prendado de la vida de los monjes de Poblet que, convertido, vistió el hábito cisterciense y destacó por sus virtudes e incluso milagros. No dejaba de pensar en sus hermanas y partió hacia Valencia para convertirlas. Lo consiguió pero, descubierto, fue martirizado junto a sus dos hermanas. La crítica histórica ha puesto reparos a tan hermoso relato. Yo prefiero la belleza a la duda. También de este siglo XII fue San Juan de Organyà y el beato Miró de Tagamanent.

En el siglo XIII encontramos figuras realmente egregias del santoral. San Raimundo de Peñafort, una de las glorias de la Orden dominicana que tantas ofrendó a la Iglesia. Hijo de Santa Margarita, en el Alt Penedès, padre de los pobres, consejero de Papas y príncipes y, sobre todo, santo, es una figura capital en la Cataluña que nacía. Y el barcelonés San Pedro Nolasco, fundador de la Orden de la Merced para la redención de cautivos, una de las más hermosas empresas que inspiró la caridad de la Iglesia. San Ramón Nonato, segarrense, en el que todo es extraordinario, hasta su mismo nacimiento. Santa María de Cervelló, hija de Barcelona, fundadora de la rama femenina de la Orden mercedaria. Bernardo Calbó, nacido en Reus, monje y abad de Santes Creus y obispo de Vich. Pedro Ermengol, nacido en la Conca de Barberá, mercedario, que quedó de rehén en uno de esos muchos casos admirables en los que estos frailes libraban, con la prisión de sus personas, a un pobre cautivo. Y al no poder pagar la Orden su rescate fue martirizado, aunque no murió en los tormentos, pudiendo regresar después a Cataluña donde murió con fama de santo, reconocida trescientos cincuenta años después por Inocencio XI que lo canonizó en 1687. Y los beatos Pedro de la Cadireta y Ponce de Planés, dominicos, naturales al parecer de Moià, en el Bages, ambos martillo de la herejía cátara en las tierras urgelenses, herejes que consiguieron matarles en la primera ocasión que se les presentó.

Del siglo XIV es la hermosísima figura de Isabel de Aragón, nacida en Barcelona, hija de Pedro el Grande y nieta de Jaime el Conquistador. Casada con Don Dionís de Portugal y reina de aquel país hermano donde es conocida como la Rainha Santa. Santa Isabel como esposa, como madre, como viuda y como reina atesoró todas las virtudes imaginables en cualquiera de esos estados y hasta un grado realmente excelso. No podemos detenernos en referir la vida extraordinaria de esta Infanta de Aragón solamente dejaremos constancia de aquel precioso milagro que cuentan las historias o las leyendas medievales. Porque su historia fue toda una bella leyenda de amor a Dios y de amor a los suyos. A su esposo, a sus hijos, a su pueblo. Prodigaba la reina las caridades con presos y necesitados con disgusto de su difícil marido. Porque el amor era lo que naturalmente brotaba de su corazón. Amor, incluso, hasta a los hijos ilegítimos del rey de Portugal. Prohibiole el rey tantas generosidades y no sabía la reina vivir sin prodigarlas. Salía de atardecida Isabel recogiendo en su falda pan para los necesitados y, cuando se encaminaba hacia ellos, le salió al encuentro el marido que le reprochó su acción y haberle desobedecido. Y le obligó a derramar en el suelo cuanto llevaba en los pliegues de la falda. Obedeció la reina al momento y de su vestido cayeron borbotones de hermosas rosas en las que Dios había convertido el pan que llevaba. Sí, ya sé que no es lo mismo el milagro diario que Dios prodiga en infinitas misas de convertir el pan en el Cuerpo de Cristo que el de convertir el pan en rosas. Pero quiso premiar las caridades de una reina de Portugal, nacida en Barcelona e hija de sus reyes, con una bellísima cosecha de rosas de olor. De olor de santidad. De olor de cielo.

También de este siglo es el beato dominico Dalmacio Moner, hijo de Santa Coloma de Farners, santificado en el ascetismo, la mortificación y la soledad del anacoreta, silencio al que se retiraba cuando se lo permitían sus predicaciones itinerantes y los cargos que desempeñaba en la Orden, tales como el de maestro de novicios dominicos.

No me vienen a la memoria santos catalanes del siglo XV. Santos que oficialmente hayan llegado a los altares por la definición de la Iglesia. Pero no podía faltar la santidad en estas tierras. Y me referiré a dos hechos. Fue el momento de la explosión de la pintura gótica catalana. En mil bellísimos retablos contemplaron los catalanes la gloria de Dios, de su Madre y de sus santos en colores deslumbrantes. El oro, el azul, el verde, el rojo parecían especialmente bendecidos por Dios en las paletas del hijo de Valls, Jaime Huguet, del sanceloní Bernardo Martorell o del barcelonés Pedro Serra, que no llegó a inaugurar el siglo más glorioso de la pintura catalana. No es posible, pienso yo, que reflejar la santidad tan hermosamente no produzca santos.

El segundo hecho no es conjetura, por fundada que esta pudiera ser. Es una realidad personal aunque no sea estrictamente catalana. Pero, castellana profunda, nacida en aquel Madrigal de las Altas Torres, estuvo enamorada y casada con el más inteligente y mejor rey de Cataluña y con uno de los mejores de España. Y hay que reconocer que la competencia con Fernando III el Santo, el emperador Carlos y el segundo de nuestros Felipes estaba cara. Naturalmente me refiero a aquella Isabel que, por antonomasia, se llamó la Católica. Yo no sé si pequeñas mezquindades políticas seguirán impidiendo la canonización de nuestra reina Isabel. Si contemporizaciones absurdas con judíos y con moros harán que siga prevaleciendo la injusticia. Pero con mi escasa autoridad os digo que pese a quien pese tenemos en Isabel a una excelsa santa. Podré equivocarme pero creo que no si os digo que en una de las más altas moradas del cielo está aquella reina que conquistó América para Cristo y que recibió aquí, en Barcelona, la noticia de que esas almas que soñaba para el cielo existían. Y dispuso que fueran evangelizadas. Y tratadas como hijos suyos y, sobre todo, hijos de Dios.

San Salvador de Horta, humilde franciscano, también de Santa Coloma de Farners, auténtico taumaturgo, asombró al siglo XVI, reyes incluidos, con mil prodigios milagrosos que congregaban multitud de peregrinos. También de ese siglo es el agustino y beato, Mauricio Proeta, de Castelló de Ampurias, predicador infatigable por mil rincones de Cataluña y que incluso viajó a Argelia para dar a conocer a Cristo a aquellos infieles.

Del siglo siguiente es el vicense San Miguel de los Santos, trinitario, místico de enorme altura que en su corta vida (1591-1625), apenas treinta y pocos años, pasmó a sus contemporáneos con sus raptos y visiones. Hermosísima figura, también, la del "apóstol de los negros", el jesuita Pedro Claver, nacido en Verdú, en el Urgel, canonizado por León XIII en 1888 y uno de los muchos regalos que España hizo a América, en este caso a la actual Colombia, para llevar al cielo a los hijos de aquel Continente. Y San José Oriol, hijo de Barcelona, sacerdote de Barcelona, santo de Barcelona. No pretendo restar nada a aquel santo admirable que fue Juan María Vianney, cura de Ars, patrón de los sacerdotes seculares. Con méritos excelsos. Más que sobrados. Pero José Oriol podría serlo también, con la misma excelsitud, con iguales méritos. Sencillo, pobre, caritativo, milagroso... Pocas figuras más encantadoras, más reflejo de la bondad de Dios, que la de este humilde clérigo de Barcelona que pasó por esta ciudad haciendo el bien.

Y camino de la canonización, aunque en este momento sólo son beatos, y digo esto con toda la precaución que impone la incansable actividad de Juan Pablo II que varía todos los años, y en número notable, la nómina de santos y beatos de nuestra Iglesia, hay también representantes en el siglo XVII. La capuchina María Angela Astorch, barcelonesa, beatificada en 1982 por el actual Papa. Los dominicos Domingo Castellet, de Esparraguera y Luis Eixarch, de Barcelona, mártires en Japón y el franciscano Juan de Santa Marta, de Prades, decapitado en Macao con otros trece cristianos. Y el también franciscano Buenaventura Gran, de Riudoms, reformador de la Orden.

No fue el siglo XVIII, pródigo en santos. La Ilustración minaba la fe y el amor a la Iglesia. Que comenzaba a ser maltratada para ser perseguida después en muchos lugares. Pero tampoco faltó la santidad. El tortosino Francisco Gil de Federich y el ascotano Pedro Sans, ambos dominicos, y el segundo, obispo, fueron decapitados en la cruelísima persecución que se desató en el Tonkin y que tantos mártires dio a aquella heroica Iglesia. Era admirable el espíritu de aquellos dominicos que partían a la lejana misión sabiendo que prácticamente iban a la muerte y que pedían voluntariamente aquel trágico y santo destino para no dejar abandonados a aquellos católicos, recientes sí, pero con tal amor a Cristo que no lo desmentían ni ante los más crueles tormentos. Fueron canonizados por Juan Pablo II en el 2000.

Y también quiero mencionar a muchos santos, desconocidos todos ellos para nuestra Iglesia pero no desconocidos para Dios ante quien no hay héroes anónimos. Terminaba el siglo. En Francia había triunfado la Revolución por antonomasia. El clero que no había apostatado moría en la guillotina donde también había muerto el Rey Cristianísimo. El culto había desaparecido en la nación vecina salvo en la oscuridad y el riesgo de las catacumbas. Y el pueblo español, y los catalanes muy principalmente, alentados por las pastorales de los obispos y las predicaciones de los sacerdotes que les animaban a la cruzada contra los enemigos de Dios y de la Iglesia, fueron a la guerra con una decisión en muchos verdaderamente religiosa. Y con ese afán murieron. Combatiendo por Dios. ¿No iba a premiar Dios a quienes le entregaban todo lo que tenían, pues en no pocos la vida era su única posesión?

El siglo XIX, siglo de persecuciones a la Iglesia en España como no las había conocido desde la invasión musulmana, fue una eclosión de santidad verdaderamente admirable y que no tiene parangón con ninguna otra región de España. Parece imposible que en un siglo haya podido darse tanta concentración de santos. Y de santos de tanta talla muchos de ellos.

Dos figuras excelsas, uno de Vich y el otro de Sallent, pueden por su esplendor, opacar, ante personas poco informadas, otros astros también de primera magnitud no pocos de ellos. El de Vich no está en los altares pero nadie como él defendió a Jesucristo y a su Iglesia con la pluma. Me refiero al inmortal Jaime Balmes. Su fama me excusa de hablaros más de él. El otro, misionero infatigable, recorrió prácticamente toda Cataluña hasta que fue nombrado obispo. Y aun desde ese cargo siguió encendiendo los corazones de sus oyentes en el amor a Dios y el arrepentimiento de sus pecados. Editó miles y miles de libros, folletos, láminas y estampas que fortalecían la fe y la virtud. Fundó dos congregaciones religiosas, masculina una y femenina la otra, los Misioneros Hijos del Corazón de María y las Religiosas de la Congregación de María Inmaculada, llamados, con toda justicia, claretianos y claretianas. Fue extraordinario director de conciencias, alguna tan delicada como la de la Santa Madre Micaela del Santísimo Sacramento y alguna tan difícil como la de la misma reina Isabel II. Con toda razón fue llamado Antonio María Claret, "Apóstol de Cataluña". Murió en 1870 en el destierro, a causa de la revolución de 1868, en el monasterio de Fontfroide, cerca de Narbona, donde había llegado, cansado y enfermo, del recién clausurado Concilio Vaticano primero.

Y ahora ya no sabemos por donde seguir pues tantos son los que acuden a la memoria. En Vilafranca del Penedés nació en 1781 una de esas mujeres admirables que pasó por el mundo haciendo el bien. O, mejor dicho, pasaron sus hijas, las hermanas de la Caridad de Santa Ana, pues ella lo derramó a manos llenas en Zaragoza, donde murió en 1853. Monja intrépida, la madre Ráfols, en los famosos sitios, se hizo admirar y respetar de los mismos franceses. La beatificó Juan Pablo II en 1994.

Heroína también de la caridad, Santa Joaquina de Vedruna, nacida en Barcelona en 1783. De buena posición social, enamorada de su marido, madre de numerosa prole, al enviudar decide entregarse definitivamente a Dios y a los más necesitados fundando las Carmelitas de la Caridad, también conocidas por vedrunas. Perseguida por el Trienio liberal y por el liberalismo que advino a España tras la muerte de Fernando VII, arrostrando con notable coraje no pocas dificultades, a su muerte, en 1854, dejaba abiertas casi treinta casas en las que ciento cincuenta de sus hijas atendían a la educación de las jóvenes y al cuidado de los enfermos pobres con ejemplos admirables de caridad.

Mencionado el Trienio y el liberalismo triunfante es preciso dejar constancia del obispo de Vich, el franciscano Raimundo Strauch, nacido en Tarragona en 1760, campeón de los derechos de la Iglesia cuando las Cortes de Cádiz y detenido y asesinado por odio a la religión en 1823. Era el primer obispo que mataban los españoles en muchísimos años porque el anciano obispo de Coria, asesinado en 1809, lo fue por las tropas francesas. No sería el último. En 1886 era asesinado, a las puertas de su catedral, el primer obispo de Madrid, Martínez Izquierdo, por un cura loco. En 1923 el cardenal Soldevila, arzobispo de Zaragoza, era asesinado por el anarquismo. Y en 1936 doce obispos y un administrador apostólico eran asesinados en un baño de sangre inaudito y espantoso que se extendió a casi siete mil sacerdotes, por anarquistas, socialistas y comunistas en sacrílego contubernio. Pero de eso hablaremos después. Volviendo a Fray Raimundo Strauch creo que la diócesis de Vich tiene una deuda con quien fue su virtuoso obispo y que es la de incoar su proceso de beatificación como mártir de Jesucristo. Con él fue también asesinado el hermano lego que le acompañaba. Pero no fueron las únicas personas consagradas que murieron a manos de los enemigos de Dios. A lo largo y a lo ancho de Cataluña fueron muy numerosos los sacerdotes que fueron asesinados por aquellos que se decían liberales.

Muerto ya Fernando VII, apenas doce años después de la barbarie que acabamos de comentar vuelva a conocer Cataluña, en 1835, lo que se llamó la "matanza de frailes", con especial incidencia en Barcelona y Reus. Ardieron iglesias, murieron religiosos y los demás tuvieron que abandonar sus conventos que ya no les serían devueltos. Y la vida religiosa masculina desapareció de España. No creo arrogarme ninguna facultad si califico a todos esos sacerdotes y religiosos, muertos por odio a la religión, de mártires de Jesucristo.

Otra mujer admirable, hija de Aitona, donde nació en 1843, fue Santa Teresa Jornet, fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, paradigma de caridad ella y sus hijas, que vinieron a aliviar el desamparo de tantos miles, cientos de miles ya, de viejecitos y viejecitas en España y en el mundo. Gobernó admirablemente su congregación hasta la muerte que le llegó en 1897.

Pariente cercano de tan admirable santa, y nacido también en Aitona en 1811, el beato Francisco Palau y Quer, de agitadísima vida, combatiente siempre, perseguido siempre, hasta su muerte en 1872. Fundó las carmelitas misioneras teresianas y las carmelitas misioneras y su biografía es una auténtica novela de aventuras.

Tortosino el beato Manuel Domingo y Sol, nacido en 1836 y muerto en 1909. Preocupado siempre por la formación sacerdotal fundó a esos efectos el Colegio Español de Roma y los Operarios Diocesanos, ambos de extraordinario influjo en la formación posterior del clero de España.

San Enrique de Ossó, de Vinebre, en la Ribera d'Ebre, donde nació en 1840. Enamorado de la figura y de la obra de Teresa de Jesús, santa de la que fue incansable propagandista, fundó la Compañía de Santa Teresa con la intención de llevar el espíritu de la santa de Avila a la vida activa mediante la educación de los niños. Murió en 1896 tras no pocos disgustos que le ocasionó la congregación de sus amores.

También ejemplo de entrega a los necesitados, tanto en la pura asistencia a los enfermos como en labores educativas , la reusense, de 1815, Santa María Rosa Molas y sus Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación. Falleció en 1876 y la canonizó Juan Pablo II en 1988.

La Beata Ana María Mogas, nacida en Corró d'Avall, en el Vallés Oriental, en 1827, dejó pronto Cataluña para venir a Madrid. Después de diversos malos entendimientos con unos y otras, fundó las Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora, hoy Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, dedicadas, como tantas que ya hemos visto, a la educación de las niñas y el cuidado de los enfermos. La beatificó Juan Pablo II en 1996.

Apóstol también de Cataluña, donde predicó innumerables misiones, ejercicios espirituales, novenas y otros actos religiosos el exdominico, Orden a la que siempre se mantuvo unido, Beato Francisco Coll, nacido en Gombrén, en el Ripollés, en 1812. Fundó las Dominicas de la Anunciata, dedicadas a la enseñanza de la juventud, otro modo, como el de la predicación, de llevar almas al cielo. Murió en 1875 y fue beatificado por Juan Pablo II en 1979.

En Tremp, en el Pallars Jussà, nació en 1823 el Beato José Mañanet, consagrado también a la educación de los jóvenes para lo que fundó los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia. Murió en 1901 y fue beatificado por Juan Pablo II en 1984.

Beata y dedicada asimismo a la enseñanza, aunque fuera de Cataluña, María del Carmen Sallés, nacida en Vich en 1848 y muerta en Madrid en 1911. Tuvo una vida religiosa agitada. Dominica de la Anunciata en un principio, una oscura división la deja sin congregación religiosa hasta que funda en Burgos las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza. La beatificó Juan Pablo II en 1998.

En Arenys de Mar nació en 1799 la fundadora de las Escolapias, Santa Paula Montal que también dedicó toda su vida a la educación de las niñas. Murió en 1889 y la canonizó Juan Pablo II en 2001.

Por la vía extraordinaria y atajada del martirio llegó a los altares el dominico San Pedro Almató, hijo de San Feliu Saserra, donde nació en 1830. Como tantos otros que llegaron con sus mismos afanes a aquellas tierras del Extremo Oriente, fue decapitado en 1861. Beato ya en 1906, Juan Pablo II lo caninizó en 1988.

Catorce catalanes llegados a los altares, si no se me ha pasado alguno son muchos. Como para decir que ninguna otra región de España se le acerca en la cifra. Pero es que esos catorce santos y beatos tienen detrás una multitud de aspirantes, con procesos abiertos muchos de ellos, que en el futuro harán crecer notablemente esa cifra. Me refiero, entre otros, a María Antonia París, cofundadora con el P. Claret de las claretianas, nacida en Vallmoll, en el Alt Camp, en 1813; la venerable madre Paula Delpuig, originaria de Malgrat de Mar donde nació en 1811, ejemplar superiora general de las vedrunas y que seguramente será la segunda religiosa de esa congregación que llegue a los altares; el gran obispo de Pamplona, Severo Andriani, defensor de los derechos de la Iglesia ante el arzobispo intruso de Toledo, González Vallejo, nacido en Barcelona en 1774; el sabadellense, 1844, Félix Sardá y Salvany, infatigable defensor de Dios y de su Iglesia desde su Revista Popular y autor de aquel libro de éxito resonante que se llamó El Liberalismo es pecado; Teresa Arguyol, nacida en Sarriá en 1813, fundadora de las Clarisas de la Divina Providencia pese a morir a los cuarenta años; aquella alma angelical, purificada con extraordinarios sufrimientos, que fue la olotina Librada Ferrarons, nacida en 1803 y muerta en una pura llaga en 1842, edificando a todos los que la trataron; el gran misionero dominico Juan Planas y Congost, nacido en Navata, en el Alt Empordà, en 1810; o aquel otro misionero, éste capuchino, fray Miguel de Sarriá muerto en ese mismo año de 1810 en olor de santidad por lo que las tropas francesas tuvieron que proteger el cadáver de los fervores de la multitud.

O el jesuita Francisco Javier Butiñá, de Pla de l'Estany, fundador de las Siervas de San José, tanto en su rama castellana como en la catalana; Isabel de Maranges (La Bisbal; Baix Empordà, 1850), cofundadora con él de las Siervas y víctima, como tantas otras fundadoras, de la ingratitud de sus hijas; Teresa Toda Juncosa y su hija Teresa Guasch Toda, ambas de Riudecañas , en el Baix Camp, donde nacieron en 1826 y 1848, fundadoras de las Carmelitas Teresas de San José; la venerable Filomena de Santa Coloma, Nacida en Mora de Ebro en 1841, mística notabilísima que en el convento de mínimas de Valls llegó a altas cumbres de contemplación; Teresa Gallifa, de San Hipólito de Voltregá, , en Osona, fundadora de las Siervas de la Pasión; el gran obispo de Cataluña, aunque no naciera en el Principado sino en Vinaroz, José Domingo Costa y Borrás, que rigió ejemplarmente tres diócesis catalanas, Lérida, Barcelona y Tarragona y fue la cabeza moral del episcopado español de la época; María Gay Tubau, nacida en Llagostera, , en el Gironès, en 1813, fundadora de las religiosas de San José de Gerona; los hermanos Gertrudis y Marcos Castañer, mataroneses, fundadores de las Filipenses de la Enseñanza; María Esperanza González Puig, nacida en Lérida en 1823, fundadora de las Misioneras Esclavas del Inmaculado Corazón de María; el vicense Lorenzo Pujol, de 1805, fundador de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento; el ejemplar canónigo Joaquín Masmitjá, de Olot, 1808, fundador de las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, hoy Misioneras Corazón de María; José Gras y Granollers, de Agramunt, en el Urgell, 1834, canónigo de Granada fundó allí las Hijas de Cristo Rey, además de ser un escritor infatigable; Buenaventura Codina, natural de Hostalrich, Selva, en 1785, santo obispo de Canarias a donde se llevó con él al P. Claret que fue llamado también el "apóstol de Canarias".

Y Catalina Coromina, hija de Oristá, Osona, 1824, que fundó las Hermanas Josefinas de la Caridad; Miguela Grau, de San Martín de Provençals, 1837, fundadora de las Hermanas de la Doctrina Cristiana; María Güell, de Valls, 1848, fundadora de las Misioneras Hijas del Corazón de María; Ana María Janer, de Cervera, 1800, fundadora las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel; el notable y belicoso obispo de esta última diócesis, José Caixal, colaborador íntimo del P. Claret en sus misiones, nacido en Vilosell, las Garrigues, en 1803; el cardenal Vives y Tutó, de San Andrés de Llavaneres, en el Maresme, 1854, martillo del modernismo e íntimo colaborador de San Pío X; Ana Ravell, de Arenys de Mar, 1819, fundadora de las Franciscanas Misioneras de la Inmaculada Concepción; el jesuita José Mach, Barcelona, 1810, uno de los misioneros apostólicos más destacados en una tierra en la que tanto abundaban; Lutgarda Mas, Barcelona, 1830, fundadora de las Mercedarias Misioneras de Barcelona; Primitiva Munsuñer, Figueras, 1850, fundadora de las Franciscanas de San Antonio; Enriqueta Rodón, Barcelona, 1863, de dificilísima vida en su juventud, fundadora, fuera de Cataluña de las Franciscanas del Buen Consejo; el benedictino José María Benito Serra, obispo de Daulia, fundador de las Oblatas del Santísimo Redentor y declarado carlista, nacido en Mataró en 1810; el genial poeta Jacinto Verdaguer hijo de Folgueroles, en Osona, 1845, cuyos extravíos exorcistas y excesos en sus generosidades eran animados por un inmenso amor a Jesucristo y a su Santísima Madre, por lo que, si faltó sería mucho más por obcecación de entendimiento que por decisión de la voluntad y, fuere lo que fuere, quien obsequió a la Virgen con el Virolai, no iba a ser desatendido por ella en el cielo; el dominico Francisco Xarrié, de Barcelona, 1792, campeón en la lucha intelectual contra el liberalismo; José Xifré, hijo de Vich, colaborador indispensable del P. Claret en la fundación y, tras su muerte, en la dirección del Instituto que el santo fundara; Dorotea de Chopitea, que aunque nacida en Chile, en 1816, llegó de niña a Barcelona y que pondría su fortuna al servicio de la Iglesia y de la caridad y en quien Salesianos, Salesianas, Hijas de la Caridad y Hermanos de las Escuelas Cristianas, sobre todo, encontraron la protectora de todas sus empresas; Carmen Sojo de Anguera, nacida en Reus en 1856, sierva de Dios, que dirigida espiritualmente por el cardenal Casañas, vivió santamente en el mundo hasta morir con fama de santidad universalmente reconocida en Barcelona ...

¿No os parece impresionante esta enumeración? Pues podríamos añadir bastantes más nombres a esta larguísima lista de lo que Cataluña aportó en el siglo XIX a la Iglesia de España. Y daros cuenta que en todos estos nombres no hay ningún liberal. Ni ningún catalanista. Carlistas, bastantes de militancia, de simpatía la inmensa mayoría. Los demás, simplemente apolíticos.

¿No creéis que con toda razón puedo llamar a esta tierra bendita, tierra de santos? Pero al mismo tiempo que nacía y se plantaba santidad germinaban y crecían los frutos envenenados que el liberalismo plantó a lo largo de todo el siglo XIX, desde la invasión francesa y las Cortes de Cádiz hasta la Revolución de 1868, el krausismo y la posterior Institución Libre de Enseñanza. La Semana Trágica, en 1909, fue un aviso con las iglesias ardiendo en Barcelona. Y junto a la planta del marxismo y el anarquismo crecía otra exótica, la del nacionalismo. Y así como a las primeras no hubo católico que las regara no faltaron cuidadores, incluso sacerdotales, a la última. Pensando, sin duda, que sus frutos iban a ser católicos. Y cuando vieron que no, estaban tan comprometidos con su cuidado, que prefirieron el nacionalismo a la religión.

Pero antes de referirme a esto dejadme continuar con la Cataluña de los santos. De los santos del siglo XX. De los de ayer mismo. De aquellos que algunos de los que hoy me oís habéis incluso conocido.

Mucho silencio, mucha zancadilla, mucha vergüenza. Dejadme que no profundice en ello pues son miserias de mi Santa Madre Iglesia y me duele hasta recordarlas. Se rompió el silencio, se impidieron las zancadillas y desapareció la vergüenza. Los santos, los innumerables santos de la España de 1936, y muy particularmente de la Cataluña de 1936, no están subiendo al cielo, que allí estaban desde el día mismo de su martirio, muy cerca de Jesús, sino que están subiendo oficialmente a los altares. Al reconocimiento público de sus heroicas virtudes por la Iglesia. Pese a quien pese, duela a quien duela. Para gloria de aquellos santos, sí, pero también para gloria de aquella Iglesia en cuyo amor fueron bautizados, crecieron y fueron asesinados. Y para gloria de aquella Patria que cosechó en un año más santos, muchísimos más santos, que todos los de la historia de España juntos.

Y todos aceptando la muerte por Cristo, el pasaporte directo al cielo, sin una sola protesta, sin una sola cobardía, sin una sola apostasía. Los santos de Cataluña del siglo XX. Los innumerables santos catalanes del siglo XX. Acaba de estar entre nosotros Juan Pablo II para canonizar a cinco beatos españoles. Ninguno era en esta ocasión catalán: tres andaluces, Sor Ángela de la Cruz y los Padres Rubio y Poveda, una valenciana, la Madre Genoveva Torres y otra madrileña, Santa Maravillas de Jesús. Y pocas veces un nombre respondió tanto a la verdad como el de esta carmelita, la Madre Maravillas, que en verdad nos mostró las maravillas de Jesús. Mártir lo fue el P. Poveda. Pero ya antes que él había llegado a esa definición solemne, un humilde y desconocido hermano de las Escuelas Cristianas, Jaime Hilario Barbal y Cosat, nacido en Enviny, Pallars Sobirà, en 1898, y asesinado cuando aún no había cumplido los cuarenta años. Fue el primer catalán santo de la Cruzada de 1936, yo prefiero decir que fue el primer español, nacido en Cataluña, mártir en la Cruzada de 1936.

Tras él vendrán innumerables. El obispo de Barcelona, monseñor Irurita con 279 sacerdotes de su clero diocesano. Y 194 sacerdotes de Gerona. Y al obispo de Lérida, monseñor Huix con 270 de sus sacerdotes, muchos más de la mitad de los que tenía la diócesis que, después de la de Barbastro, fue la más masacrada de España. De cada cien sacerdotes, asesinaron a sesenta y seis. Y 60 de Solsona. Y 131 de Tarragona, encabezados por su obispo auxiliar monseñor Borrás. Y 316 de Tortosa, la tercera de las diócesis de España en el cuadro de honor de las más gloriosas pero también, para vergüenza de sus hijos, donde hubo más asesinos. En Tortosa, de cada cien sacerdotes sólo asesinaron a sesenta y dos. Y 109 sacerdotes de Urgel. Y 177 de Vich.

¿Os dais cuenta de que hablo de más de 1500 sacerdotes asesinados en Cataluña? ¿Sabéis, vivís con el orgullo, con el santo orgullo de que tenéis a más de 1500 santos en el cielo? ¿Qué si hay justicia eclesial el santoral terminará lleno de nombres catalanes? ¿Qué el cielo está lleno de santos sacerdotes de Cataluña?

Y no he hablado de los religiosos. Sólo de la diócesis de Barcelona, e incluyendo alguno extradiocesano que se encontraba de paso en ella, fueron asesinados 12 agustinos; 23 benedictinos, casi todos ellos de Montserrat; 1 camilo; 27 capuchinos, en su mayoría de Sarriá; 15 carmelitas descalzos; 4 carmelitas calzados; 3 hermanos terciarios carmelitas; 6 cartujos de Tiana; 28 jesuitas; 10 dominicos; 60 escolapios; 7 franciscanos; 6 franciscanos menores conventuales; 42 hermanos de las Escuelas Cristianas; 46 gabrielistas; 91 maristas; 2 mercedarios; 3 mínimos; 36 claretianos; 3 misioneros del Sagrado Corazón; 3 misioneros de los Sagrados Corazones; 4 misioneros de los Sagrados Corazones del mallorquín P. Roselló; 4 operarios diocesanos; 9 oratorianos; 3 paúles; 4 pasionistas; 17 hijos de la Sagrada Familia; 21 salesianos; 9 religiosos de San Pedro ad Vincula; 29 hermanos de San Juan de Dios; 9 hermanos de la Caridad de la Santa Cruz; 1 trinitario. Que suman más de 500.

Y sin salir de la diócesis barcelonesa y en el colmo de la barbarie asesina: 2 carmelitas de la Caridad; 4 carmelitas terciarias descalzas (del P. Palau y Quer); 2 de la Compañía de Santa Teresa; 3 religiosas de la Divina Pastora; 1 dominica; 2 beatas dominicas; 5 dominicas de la Anunciata; 1 hermana de la Doctrina Cristiana; 2 hijas de la Caridad; 2 salesianas; 2 franciscanas de la Misericordia; 1 franciscana de la Natividad; 1 franciscana de los Sagrados Corazones de Jesús y María; 1 religiosa del Inmaculado Corazón de María; 9 mínimas; 2 misioneras de la Inmaculada; 5 reparadoras y 1 hermana de San José. Un total de 46 monjas, de 46 santas e inofensivas mujeres. Sólo en la diócesis de Barcelona.

La estadística de los seglares mártires, de los seglares asesinados sólo por católicos, por odio de los asesinos a Dios y a la Iglesia, es imposible de hacer. Imaginárosla a tenor del número de los consagrados. Resumámoslos en las hermosas figuras de dos jóvenes. El ya beato Francisco Castelló Aleu, elevado a los altares por Juan Pablo II en 2001, asesinado en Lérida, químico de 22 años, que dejó tres emocionantes cartas a su novia, a su familia y a su director espiritual que reflejan la hermosura de su alma y su vivir cristiano. Y el barcelonés Juan Roig Diggle, asesinado cuando aún no había cumplido veinte años por su militancia católica y con su proceso de beatificación ya muy avanzado. Pedid a Dios por su intercesión que la juventud de hoy recobre los valores cristianos que hicieron que Francisco Castelló y Juan Roig no vacilaran en ofrecer a Dios sus jóvenes vidas antes que renunciar a ellos.

Sé que faltan nombres. Sé que es lo más impropio de una conferencia, por lo monótono y reiterativo. Sé que me estoy pasando del tiempo. Lo sé. Pero os voy a recitar una letanía, una letanía de santos, de nombres catalanes, de pueblos catalanes. En honor de Dios y de sus santos. Os pediría que tras cada nombre dijerais, en súplica emocionada, rogad por nosotros. No es posible. Hacedlo mentalmente. Qué todos rueguen por nosotros. Beatos claretianos Miquel; de Prades de la Molsosa; Sorribes, de Rocafort de Vallbona; Dalmau, de Miralcamp; Casadevall, de Argelaguer; Codina, de Albesa; Roura, de Sorts; Falgarona, de Argelaguer; Baixeres, de Castellterçol; Codinachs, de Santa Eugenia de Berga; Badia, de Puigpelat; Oromo, de Almatret; Brengaret, de Sant Jordi Desvalls; Ros, de Torms; Escalé, de Fondarella; Lladó, de Viladasens; Masferrer, de Sant Vicenç de Torelló; Torras, de Sant Martí Vell; Massip, de Llardecans; Cunill, de Vich; Illa, de Bellvís; Novich, de La Cellera; Pigem, de Vilobí d'Onyar; Riera, de Ribes de Fresser; Capdevila, de Maldá; Clarís, de Olost, martirizados todos en Barbastro; Beatos escolapios Canadell, de Olot; Carceller, de Forcal; Casanovas, de Igualada; Cardona, de Vallibona; Beatas Hermanas de la Doctrina Cristiana Isabel Farré, de Vilanova y La Geltrú; María de la Asunción Mongoche, de Ulldecona; María de Montserrat Llimona, de Molins de Rey; Maria dels Socors Jiménez, de Sant Martí de Provençals; María dels Dolors Saurí, de Barcelona; Beatos Hermanos de San Juan de Dios Llauradó, de Reus; Roca, de Sant Sadurní d'Anoia; Brun, de Santa Coloma de Farners; Roca, hermano del anterior de ese apellido, de Molins de Rey; Forcades, de Reus; Ponsa, de Moyá; Burró, de Barcelona; Cubells, de Coll de Nargó; Borrás, de Sant Jordi; Beatos Operarios Diocesanos Perulles, de Cornudella de Montsant; Sala, de Ponts; Beata Teresiana Mercedes del Sagrado Corazón Prat, de Barcelona... Beatos de Cataluña que habéis llenado el cielo de catalanidad, que no de catalanismo, mirad a esa Cataluña donde nacisteis y mostrándole a Cristo vuestra sangre gloriosa conseguid de El que vuelva a posar sus ojos, amorosamente, en esta tierra de santos, que tantos, a lo largo de tantos siglos, con tanto empeño y a veces con tanta sangre, quisieron para Dios.

El sacerdote, hoy ya beato, era valenciano. Pero, hermano en el martirio de todos los sacerdotes de España, bien pueden sus últimos versos, en la víspera de su asesinato, ponerse en voz de todos aquellos que morían por Cristo:

"Tú que el ejemplo de morir nos diste;

Tú, que has sido Maestro de humildad;

Tú, que la muerte más cruel sufriste,

Dame, Señor, serenidad"

Pero, pedía más. No una ática sofrosine por encima del bien y del mal que hiciera mirar con indiferencia la muerte. Esa muerte no era un episodio que había que superar serenamente. Esa muerte era una muerte por amor. Si no hubieran amado tanto, no hubieran muerto así.

"Que cada bala que en mi cuerpo claven

más me aproxime a Ti, Señor;

mis heridas sean bocas que te alaben

con el místico fuego de tu amor."

Miles de bocas murieron diciendo ¡Viva Cristo Rey! Y miles de bocas abiertas en los cuerpos por las balas asesinas dijeron a Dios que le amaban. Que le amaban sobre todas las cosas. Que le amaban mucho más que a la propia vida.

Cuántos de esos jóvenes catalanes, algunos casi niños, beatos de Cataluña y de Dios murieron asesinados en Barbastro. Yo, y todos debéis tenerla, tengo por esa diócesis, humilde y montañesa, una predilección especial. No me mueve a ello la sangre o el nacimiento, me mueve sólo el considerar que ha sido la diócesis más mártir de España. Más todavía que Lérida y Tortosa. La diócesis que demostró más amor a Jesucristo.

Os lo he contado ya pero quiero de nuevo repetirlo ante todos estos claretianos catalanes asesinados en Barbastro, hoy beatos de Nuestra Santa Madre Iglesia. Lo que pasó, yo me lo imagino así. Un día veraniego en el cielo. Un angelito travieso que se había encaramado a una nube lejana vio acercarse una interminable procesión de gentes. No era a lo que estaba acostumbrado. La gente llegaba normalmente de uno en uno, si alguna vez en grupo, estos no solían ser numerosos. Volvió la cabeza hacia la ciudad celestial y le pareció notar una agitación desusada. Y vio que Cristo se acercaba a la puerta en tarea que habitualmente desempeñaba San Pedro. Cristo, que solía llevar una túnica de un blanco deslumbrante, vestía en aquella ocasión otra de un rojo intensísimo. Ya en la puerta, Jesús vio como la comitiva se acercaba. A su frente, con la mitra en la cabeza, un obispo, todavía relativamente joven, que en vez de báculo llevaba en su mano derecha una hermosa palma, tras él, su cabildo catedralicio, todos también con la palma en sus manos. Y después, los párrocos. Todos los párrocos de su diócesis, cada uno con su palma. Como era una diócesis rural y pirenaica, venían todos con los rostros curtidos de soles y nieves, tal vez no delataban sus caras unas inteligencias superiores pero todos venían sin un solo pecado. Siguiéndoles, vicarios y coadjutores. Todos con la casulla roja y la palma en la mano. Y hubo alguien, o bastantes, hijos de aquellas tierras duras y pobres, llegados al cielo antes, desde Boltañá y Ainsa, Benasque, Bielsa o Graus, o desde otras aldeas más perdidas y más pobres, que se preguntaban como aquellas ajadas vestiduras que recordaban de sus iglesias resplandecían hoy al sol con esos rojos tan vivos. Y después los seminaristas. Los diáconos con sus dalmáticas rojas, los otros, casi niños, con sus roquetes blancos sobre la sotana negra. Y también, todos, con la palma. Les seguían los religiosos: los claretianos de Barbastro, todos, la inmensa mayoría con veinte años apenas cumplidos, catalanes, tantos; los benedictinos del Pueyo, los escolapios de la capital.... Los seglares a continuación. Aquí el atuendo variaba, si todos acudían con sus mejores galas, los había con trajes de costosa factura o con aquellos otros, mucho más humildes, con los que los pobres habían vestido sus más solemnes días, sobre todo el de la boda... Y entre estos, orgulloso con su palma, su traje de boda y su sangre gitana, aquel que llamaban El Pelé...

Conforme se acercaban al cielo comenzaron a oírse sus cánticos y a distinguirse sus rostros. Denotaban éstos la inmensa felicidad de los que habían corrido bien la carrera y llegaban triunfadores a la meta. Y sus voces decían, aseguraban, proclamaban: Cristus vincit, Cristus, regnat, Cristus, imperat. Y según se acercaban a las puertas del cielo sus ecos eran más firmes, más triunfales, más atronadores.

Cristo, en la puerta parecía emocionado. Llegó el obispo y lo apretó en estrechísimo abrazo. Como a los canónigos, a los sacerdotes, a los religiosos... Y cuando llegaron aquellos chicos, de tan pocos años, seminaristas y novicios, dicen los que estaban más cerca de El que una lágrima de amor y de agradecimiento corrió por sus divinas mejillas. Y que cuando le tocó la vez al gitano, que le había confesado delante de los hombres, el abrazo fue si cabe más apretado, más amoroso.

Estoy seguro de que fue así. No sería Dios si no hubiera sido así.

Pero vayamos al terreno de los historiadores. Nos detendremos sólo un momento en esta verdaderamente, por su martirio, Santa Iglesia de Barbastro. Fue asesinado el 87,8% de su clero secular –de cada cien sacerdotes mataron a ochenta y ocho y prácticamente a todo el regular. Y, ya en el colmo de la barbarie, a su obispo, monseñor Asensio, lo castraron antes de asesinarle. Sin anestesia, como a un cochino. Y con andares vacilantes y entre tremendos dolores caminó al lugar del martirio. ¿Quién nos ha pedido perdón? ¿Qué hijo de mala madre se atreve a decirnos que le hemos de pedir perdón?

Pero no es este lugar de reivindicaciones sino de proclamación de gloriosas andaduras eclesiales. Santos gloria de Cataluña. Santos gloria de España. Santos gloria del Cielo.

Y ahora, después de la gloria, descendamos a la dura situación actual. Esta tierra de santos se ha convertido, en el día de hoy, en la región más secularizada de España, donde hay menos cumplimiento dominical, donde hay menos vocaciones sacerdotales, donde menos se pone la cruz a favor de la Iglesia católica en las declaraciones de la renta... Según los datos de este año de 2003, si en Barcelona hay 61 seminaristas, cifra no muy entusiasmante pero que no es un baldón para el cardenal Carles –ocupa el séptimo lugar por número de seminaristas entre las diócesis de España, después de Madrid, Toledo, Valencia, Getafe, Sevilla y Cartagena-, Gerona tiene 6 seminaristas; Lérida, 2; Solsona, 5; Tarragona, 8; Tortosa, 9; Urgel, 5 y Vich, 2. Y este curso 2002-2003, salvo los 15 nuevos seminaristas que ingresaron en Barcelona, en Solsona y Urgel sólo ingresaron 3, en Gerona y Tortosa, 2; en Tarragona, 1 y, ninguno, en Lérida y Vich.

El panorama es aterrador. Y tengo para mí que lo ha provocado el catalanismo, el nacionalismo "exacerbado" en terminología de Juan Pablo II, que no ha confundido religión y política sino que ha puesto a la religión al servicio de la política en una inversión radical de lo que habían sido los principios cristianos que siempre habían puesto a la política al servicio de la religión.

Porque no es posible que se pueda mantener por mucho tiempo, por brillantes y embaucadores que sean los misioneros de la idea, que Jesucristo vino al mundo para imponer la lengua catalana, que no se puede ser buen católico sin ser catalanista, o que era Cataluña, y no la palabra de Cristo, lo que había que predicar a todas las generaciones. Y lo mismo cabe decir del nacionalismo vasco. Por mucho que le pese a ese obispo ya en vísperas de la jubilación que es Juan –perdón, Joan-, Carrera Planas o a su todavía más impresentable hermano, el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién.. ¿O hay algo más en apoyo de lo que sostenemos que aquellos seminarios de las Vascongadas, con mil seminaristas, más o menos en cada uno de ellos, tengan hoy, el de Vitoria, 2 seminaristas y ningún ingreso en el presente curso; 10 seminaristas el de Bilbao, con un solo ingreso en este curso 2002-2003; y 10 el de San Sebastián, con dos ingresos?

Es como si por donde hubiera pasado esa Iglesia nacionalista hubiera desaparecido la religión.

Termino. Encomendándome a un santo ya del siglo XXI. Yo, que ya soy mayor, no sé si lo veré en los altares con mis ojos terrenales. Seguro estoy que si no lo veo aquí, lo veré, también con inmensa alegría, con los ojos del cielo, donde espero estar, no por mis pobres méritos sino por la infinita misericordia de Dios. Los jóvenes que hoy me escucháis seguro que estaréis en su gozosa beatificación.

Para que Cataluña siga siendo la tierra de santos que ha sido, desde tu Sentmenat soñado y amado, queridísimo José María Alba Cereceda, sacerdote de Jesucristo, hijo de la Compañía de Jesús, fundador de los Misioneros y de las Misioneras de Cristo Rey, San José María Alba seguro que muy pronto, ruega por tu España católica, ruega por tu Cataluña católica, para que vuelva a ser tierra de santos, ruega por nosotros.

Amén.

Amén.

Amén.

Francisco José Fernández de la Cigoña

(Sentmenat, 18-V-2003)

Leer todo...

LA OBRA CIVILIZADORA DE ESPAÑA EN AMÉRICA, CUATRO SIGLOS DESPUÉS. https://www.religionenlibertad.com/octubre-que-aporto-espana-america-repasamos-siglos-59869.htm

https://www.religionenlibertad.com/octubre-que-aporto-espana-america-repasamos-siglos-59869.htm

12 de octubre: ¿qué aportó España a América? Repasamos 4 siglos de cultura, ciencia y civilización

12 de octubre: ¿qué aportó España a América? Repasamos 4 siglos de cultura, ciencia y civilización
Recreación en Florida de cómo pudo ser la primera procesión de españoles con la cruz en tierras norteamericanas

P.J.Ginés/ReL

11 octubre 2017

Es difícil hacer una valoración breve de la presencia española en América: hablamos de cuatro siglos, de 1492 a 1898, de una presencia que iba desde los fuertes en Alaska y Dakota hasta la Patagonia, de islas perdidas en el Caribe a montañas peruanas a 5.000 metros de altura, de la vida de muchos millones de hombres en 14 generaciones, en lengua española y en muchas lenguas americanas. 


  Lugares de la presencia española en América

Por otra parte, durante casi 4 siglos, mientras Europa se desangraba en guerras infinitas, la América Hispana, una vez pacificada, apenas vió guerras, ni siquiera civiles.

Es cierto que hubo batallas siempre en la frontera apache y en la frontera con los araucanos; también había piratas y guerras en zonas costeras contra ingleses o franceses(y sus indios aliados). Y está la asombrosa batalla de Mbororé (1641), de indios "protegidos" por el rey de España, armados y entrenados por jesuitas, venciendo a un ejército de esclavistas brasileños. Pero en ciudades de interior como Lima o Asunción la paz fue continua durante siglos (mientras que en España las guerras eran frecuentes, y las naciones indias independientes guerreaban sin cesar entre sí). 

Después, cuando llegó la independencia, en el siglo XIX, las naciones hermanas hispanoamericanas emprendieron largas series de guerras entre ellas, entre vecinos que hablaban la misma lengua y tenían la misma religión y similar historia. Además, pueblos enteros de indios que habían sido protegidos durante siglos por la Corona española fueron exterminados por las nuevas repúblicas independientes.



   
Si hay trasferencia de tecnología, se civiliza
Al contrario que algunas fuerzas coloniales que solo buscaban saquear recursos, los españoles levantaban ciudades, estructuras y aportaban tecnología en beneficio de todos.

Hay que tener en cuenta que en la América precolombina no había monturas, casi no había animales de carga (excepto en los Andes, que usaban llamas y alpacas) ni tampoco herramientas básicas como la rueda o la polea.  El trabajo caía enseguida sobre las espaldas de porteadores, esclavos o semiesclavos.

Incluso Wikipedia es capaz de hacer un repaso sencillo de cosas útiles para una civilización: 

Nuevos cultivos útiles para la alimentación: vid, olivos, legumbres, arroz, frutos secos, trigo, cítricos (limón, naranjas), manzanas, peras, melocotones, higos, plátanos, caña de azúcar... 
Ganadería: ovejas y vacas, desconocidas en el continente
El caballo, que revolucionó la comunicación y las culturas americanas; otras monturas como el burro, la mula, incluso el humilde asno, significaron un avance real 
- Materias útiles como lino, cáñamo, sebo y alquitrán 
- Soluciones mecánicas que lo cambiaban todo como la rueda y la polea
- La noria para regar y moler y el arado para sembrar
- el hierro y la metalurgia toledana, de lo más moderno de Europa
- las técnicas cerámicas valencianas (para vajillas y azulejos) 
- la pólvora
- el papel y la imprenta y la misma escritura, desconocida por muchas culturas americanas
- el reloj mecánico, para ordenar las horas 
- la navegación marítima: astilleros, barcos, instrumentos de navegación...
- la cartografía, el conocimiento geográfico de un mundo nuevo y enorme
- técnicas modernas de minería
- técnicas hidráulicas: embalses y acueductos, regadíos... es famoso el "Sistema hidráulico del acueducto del Padre Tembleque" en México (del s.XVI, Patrimonio de la Humanidad)
- el molino de agua
- el sistema financiero: dinero, la moneda, la banca, las letras de cambio, sociedades mercantiles, etc...
- tapices y marroquinería, repujado, damasquinado, esmaltería, azabachería, etc... 
- la industria del vidrio (y las vidrieras)
- pintura y música al estilo español... que dio origen a estilos propios hispanoamericanos
ingeniería civil eficaz: las culturas precolombinas desconocían el arco, solo tenían puentes de cuerda; los españoles llenaron América de puentes, carreteras, calzadas, canales... el Camino Real de México a Santa Fe, de 2.500 kilómetros, es Patrimonio de la Humanidad 
- el contacto con Asia, con el galeón anual que conectaba México con Filipinas
- el contacto entre productos y culturas americanas: unos tenían maíz, otros cacao, otros tabaco; pero fue solo el comercio hispánico el que hizo que estos productos americanos se extendieran con eficaz por América (patata, cacahuete, aguacate, vainilla, tomate, caucho, etc...)


  Recreación histórica de una ceremonia en la Misión Santa Bárbara en California en el siglo XVIII 

Los españoles aportaron a América la urbanística planificada, que originó ciudades Patrimonio de la Humanidad como Potosí y Sucre, en Bolivia; Cartagena de Indias y centro histórico de Santa Cruz de Mompox, en Colombia; ciudad vieja de La Habana y sus fortificaciones, Trinidad, centro histórico de Cienfuegos, centro histórico de Camagüey, en Cuba; Viejo San Juan, en Puerto Rico; centros históricos de Quito y Cuenca, en Ecuador; centros históricos de México, Oaxaca, Puebla, San Miguel de Allende, Guanajuato, Morelia, Zacatecas y Campeche, en México; distrito histórico de Panamá; centros históricos de Cuzco, Lima y Arequipa, en Perú; Antigua Guatemala, en Guatemala; Coro, en Venezuela, y otras muchas ciudades coloniales construidas por los españoles y que hoy son candidatas a figurar en la lista de la Unesco: Salta, en Argentina; Villa de Leyva, en Colombia, etc.

Los hospitales españoles
España llenó de hospitales América, y es una verdad histórica. En ellos se curaban blancos y negros, indios y mulatos. 

Ya en 1503 Isabel la Católica prescribe al gobernador Ovando de Cuba que "haga en las poblaciones donde él viera que fuera más necesario casa para hospitales en que se acojan y curen los pobres, así de los cristianos como de los indios." En 1509, en la isla de La Española, ya funcionaban los hospitales de San Nicolás de Bari, de San Buenaventura y de Concepción de la Vega. Y en Nueva España, Hernán Cortés, en 1521, fundó y financió la construcción del hoy llamado Hospital de Jesús, que todavía está en pie y funcionando. 

Después, los españoles construyeron en ese mismo virreinato los hospitales de San Lázaro (1521), dedicado a los leprosos, el de San Juan de Letrán (1540), el Real de Nuestra Señora del Rosario (1562), el de la Caridad del Nombre de Dios (1562), el de la Santa Veracruz (1575), el de Nuestra Señora de Monserrat (1580), el Real de El Nombre de Jesús (1580), el de San Bartolomé (1582), el de San Juan de Dios (1582), y otros. Donde se fundaban ciudades y monasterios aparecían hospitales.  

Las universidades...¡también para indios!
En las colonias inglesas en Norteamérica, la primera universidad fue la Universidad de Harvard que se fundó en 1636, y la segunda la de Pensilvania en 1765 como escuela médica. 

Antes de que se fundara Harvard, la América hispana ya contaba con 13 universidades: en Santo Domingo (La Española, 1538), Lima (Perú, 1551), México (1551), Santiago (1558, en La Española), Bogotá (Colombia, 1580), Quito (1586), Pontificia de Lima (1608), Córdoba (Argentina, 1613), Santiago de Chile (1619), San Miguel de Chile (1621), la Pontificia (jesuita) de Bogotá (1621), la jesuita de Quito (1622) y la de Sucre (Bolivia, 1624)... 

A las universidades y a los distintos tipos de colegios de estudios superiores podían acudir indios. A la de México, en el siglo XVII, de hecho, acudían incluso filipinos considerados "indios japones libres vasallos de Su Majestad", como reclamaba el estudiante filipino Manuel de Santa Fe. Un estudio ("Los indios, el sacerdocio y la Universidad en Nueva España, siglos XVI-XVIII") cuenta 134 indios realizando estudios superiores en el siglo XVIII en México: en el seminario, en los 7 colegios universitarios de Puebla, en los 3 centros de los jesuitas en Oaxaca y en la Universidad. 

Una ordenanza mexicana de 1697 ordenaba que una cuarta parte de las becas para estudiantes se dedicase a indios, hijos de caciques, "que sepan lengua mexica, otomí o mazahua". Muchos indios de familia noble (la nobleza tlaxcalteca y otras noblezas nativas se mantuvieron y respetaron hasta la independencia) estudiaban en los seminarios, no para ser sacerdotes -excepto algún caso-, pero sí para ser líderes locales y funcionarios de diverso grado en sus regiones.


  Una escena que recrea un detalle de la expedición de Anza de 1776, buscando una ruta terrestre de México a California 

Los jefes indios escribían al Rey con quejas... y el rey respondía
El noble tlaxcalteca Julián Cirilo Castilla Aquihualcteuhtle escribe al rey y a las autoridades con un plan para un colegio solo para indios en 1753 (que no llegó a cristalizar, pero se debatió).  

Llegará a haber  colegios para señoritas indias, como el Real Colegio de Indias Doncellas de Nuestra Señora de Guadalupe. Su patrocinadora, la india noble Anna Ventura Gómez, en 1790 escribe quejándose al Rey porque la rectora ha permitido ingresar en el Colegio a una española. 

Era común que todo tipo de caciques indios escribieran con quejas al Rey en España... y el Rey a veces contestaba. Don Patricio de Hinachuba, jefe indio en las misiones de los Apalaches, en Florida, que hablaba bien español, había escrito una carta al rey en 1699 denunciando ciertos abusos y el rey respondió en 1700 con órdenes para las autoridades civiles: "Deseo grandemente que estos pobres caciques y nativos sean bien tratados y que los ayudéis, protejáis y defendáis, como es vuestro deber y he ordenado en repetidas cédulas". Cinco años después, los ingleses destruían a sangre y fuego estas comunidades. No constan muchos casos de jefes indios o africanos escribiendo a las ciudades holandesas ni al rey de Inglaterra con reivindicaciones: simplemente, otras potencias europeas no los consideraban súbditos. 

Intentos de utopía
Tata Vasco de Quiroga en Michoacán con sus pueblos hospital, los jesuitas con sus reducciones en el Paraguay, los franciscanos con las misiones de California y Apalaches... inspirados por la literatura utópica del siglo XVI, los religiosos intentaban crear pueblos de indios fuera de la influencia nefasta del hombre blanco y sus ciudades, su alcohol y su ambición. Establecían horarios razonables, de 8 horas laborales al día, con numerosos descansos en festivos de santos, Semana Santa, domingos, Navidad... y días "de libre disposición", que podían usarse para salir de la misión e ir a cazar, pescar, ver parientes lejanos.... Las misiones jesuitas funcionaron bien, las franciscanas no, por multitud de factores. 

Las misiones no producían "para los misioneros" sino que producían para la misión y los misionados: eran cooperativas y colectivos, aunque con propiedades familiares, además de las comunales. El libro de James A. Sandos "Converting California" dice que es injusto comparar las misiones españolas con las plantaciones francesas del Caribe o los estados del sur de EEUU. Esas plantaciones buscaban enriquecer a sus dueños, mientras que las misiones españolas buscaban alimentar y sostener a sus habitantes. "El propósito de una misión era organizar una comunidad religiosa aislada que pudiera nutrirse a sí misma física y espiritualmente. El excedente de producción se usaba para alimentar a otras misiones, presidios y pueblos. El ánimo de lucro no se consideraba, al contrario que en las plantaciones, donde era la razón de su existencia", afirma Sandos.

  Recreación histórica de un grupo de soldados del Batallón de Voluntarios Catalanes de 1780 en la frontera de Texas, durante la Guerra de Independencia Americana

La esclavitud de indios, prohibida
Ya Isabel la Católica prohibió esclavizar indios: solo se admitían los casos de cautivos por guerras. Un indio cristiano nunca podía ser esclavo. Se daban casos de barcos españoles que atrapaban barcos franceses en guerra, con indios esclavos de los franceses, y debían ponerlos en libertad.

A veces empresarios sin escrúpulos raptaban indios para hacerlos trabajar como esclavos. Cuando las autoridades provinciales se enteraban lo castigaban y liberaban a los indios (al contrario que muchas autoridades municipales, que solían estar sobornadas, corruptas o implicadas en el crimen y no eran de fiar en este sentido). 

A mitad del siglo XVI las órdenes religiosas convencieron al Rey de que los indios no debían pagar diezmo para el sostenimiento de la Iglesia, algo que los españoles pagaban sistemáticamente desde el siglo XIII.

Los esclavos negros fugados de territorios enemigos podían convertirse en súbditos libres españoles si se bautizaban católicos. En Florida apareció en el siglo XVIII el Fuerte Mosé, un fuerte de soldados negros y sus familias, mujeres e hijos, con capitán negro y capellán franciscano, muchos nacidos en África y fugados de las plantaciones inglesas, libres y autogobernados como súbditos españoles. Había negros libres en muchas ciudades hispanoamericanas, muchos de ellos por haber participado en el ejército o las milicias locales.


  Recreación de soldados negros de Fuerte Mosé, en Florida; Fuerte Mosé era una población negra libre legal, autogobernada, de súbditos españoles; en la América de lengua inglesa no hubo nada parecido hasta el siglo XIX. 

Cambios sociales e imperio de la ley
En muchas culturas indias, antes de llegar los españoles, los jefes podían matar a sus súbditos sin causa alguna, o pagando multas menores. Muchos hombres podían matar a sus mujeres (de las cuales podía tener varias, a las que trataban de forma distinta, unas preferidas, otras casi esclavas) o a sus bebés e hijos. Las indias chumash en California tenían la costumbre de abortar su primer bebé pensando que eso les haría más fértiles para otros partos (obviamente, la realidad era la contraria: unas morían y otras quedaban estériles). Muchas culturas practicaban el infanticidio por distintas razones.

Los españoles establecieron leyes que no trataban a todos igual, pero que no dejaban los crímenes sin juzgar y castigaban los homicidios. Había tribunales y audiencias para presentar denuncias y recursos. La justicia española podía ser lenta, farragosa y llena de papeleo... en  parte, porque intentaba tomar en serio cada caso. 

El noble guerrero de Tlaxcala, Acxotécatl, reconocido como aliado de los españoles contra los aztecas, mató a su hijo de 13 años, el niño mártir San Cristóbal de Tlaxcala, por hacerse cristiano, y también a la madre de él (una de sus mujeres) por intentar defenderlo. En la cultura pagana quizá habría quedado impune, en la española un hombre que mata a su mujer e hijo debe ser juzgado y castigado.



La vida de los niños, la de los ancianos, la de los enfermos, los bebés, incluso los esclavos... todas las vidas estaban protegidas por la ley en la América Hispana, con todos los abusos y las ineficacias procesales y corruptelas que se quiera señalar. Pero se acabó con la idea de que es correcto que cualquier fuerte podía matar a un débil, enfermo o niño.Es el tipo de cambio social que podemos llamar civilizar. 

Una conclusión viendo la historia
En esas 14 generaciones, esos cuatro siglos de 1492 a 1898, pasaron muchas cosas en la América Hispana, con todo tipo de abusos y corrupciones, pero las preguntas a realizar son:

- ¿más o menos opresión y violencia que en la España o Europa de la época?;
- ¿más o menos opresión y violencia que en las culturas paganas de la época?
- ¿más o menos opresión y violencia que en las zonas de América bajo otras potencias europeas? 

Una comparativa de la tecnología transferida, el tipo de leyes y sociedades creadas, la limitación de la guerra y la violencia, la mejora en alimentación y comunicaciones, las libertades, la protección de los débiles, la educación y formación, los avances sanitarios y médicos... todo esto dará un balance positivo a cualquier visión global de la presencia española en América.  

Documental norteamericano sobre la expedición Anza de 1775, un ejemplo de expedición colonizadora; se valora su realidad multiétnica, la búsqueda de soluciones pacíficas, su sentido civilizador y explorador, etc...


 El discurso que debería llevar a reflexionar sobre el papel de los 4 siglos de presencia española en América, desde Alaska a Patagonia
(Adaptado de un artículo de ReL del 6 de abril de 2017)
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Video homenaje a Manolo

"¡Cómo no creer!. Señor de los Milagros

 

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