domingo, 28 de junio de 2009

AÑO JUBILAR SACERDOTAL

Rodeado de sacerdotes, después de grabar dos programas especiales para PAX TV (http://www.paxtv.org) El primero sobre Chachapoyas con Monseñor Emiliano Cisneros, tras su visita ad limina, su encuentro con el Santo Padre, su trayectoria sacerdotal-episcopal y su reflexión sobre Bagua (pertenece a su jurisdicción aunque los protagonistas vinieron de Jaén).

El segundo sobre el Año Sacerdotal con el P. César Buendía –secretario de la comisión del clero en la Conferencia Episcopal Peruana- y el P. Carlos Rosell –director de Estudios Teológicos de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Conversamos sobre el alcance del Jubileo sacerdotal por conmemorarse el 150 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, Juan María Vianney ¿Cómo ganar indulgencias plenarias en el Año Sacerdotal? Nos compartieron sus vocaciones sacerdotales, su valoración del sacerdote. Acerca de la dignidad del sacerdote.

“El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús. Si comprendiésemos bien lo que es el sacerdote, moriríamos, no de pavor, sino de amor". ¡Oh sublime dignidad del sacerdote! ¿Quién eres tú ? Tú eres el servidor de todos los hombres, el "siempre disponible ", el hombre "para" los demás, el esposo de la Iglesia. Tú eres el hombre de Dios. El que habla a Dios de los hombres y a los hombres de Dios. Tú eres el puente...Tú, en cada misa, te transformas en Jesús, el Hombre-Dios. Rey, eres Dios. Eres todo y eres nada. Eres superior a los ángeles....Eres Padre de todos los hombres. Eres sacerdote eternamente (El Cura de Ars)

En Perú viven alrededor de 3.000 sacerdotes, número insuficiente para atender mínimamente a los fieles. Buena oportunidad la del Año Sacerdotal para pedir por nuevos sacerdotes, así como por la perseverancia y santidad de todos.

 

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viernes, 26 de junio de 2009

¡MACANUDO! MONSEÑOR LUIS SÁNCHEZ MORENO-LIRA

¡Macanudo! Era la expresión que solía escuchar de Monseñor Luis Sánchez Moreno Lira cuando se le hablaba acerca de la presencia de los católicos en la universidad, en la vida pública... Tuve la suerte de tratarle debido a formar parte de la Comisión de Bienes Culturales, por CIRCA, por la Comisión de Laicos, la revista del Archivo Arzobispal de Arequipa, los 25 años del llorado P. Eloy Arribas, mi amistad con el Dr. Gustavo Quintanilla...Y siempre la misma corrección y sonrisa. Pues me parece macanudo que el Congreso haya tenido este detalle sobresaliente de de otorgarle la medalla por su fecunda labor en la Iglesia y en el Perú. ¡Qué grata me resulta la noticia precisamente en el día de San Josemaría!

La ceremonia privada estuvo presidida por el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima, y la Congresista Fabiola Morales Castillo, Tercera Vicepresidenta del Congreso, quien le otorgó la Medalla, después de resaltar las labores apostólicas, educativas y asistenciales a favor de los más pobres en los lugares en los que ha trabajado, promoviendo comedores populares, asilos de ancianos y cunas infantiles. Concretamente, subrayó el valioso impulso a los seminarios diocesanos en Cañete, Chiclayo y Arequipa, lugares en los que desarrolló su labor episcopal.

Víctor Andrés García Belaunde, congresista proponente del otorgamiento de la Medalla de Honor, dio testimonio del servicio a la comunidad que Mons. Sánchez Moreno ha realizado especialmente los 28 años que fue Obispo Prelado de Cañete, donde impulsó y desarrolló el Instituto Pedagógico de esa ciudad, el Santuario de Nuestra Señora Madre del Amor Hermoso, y la predicación constante de la santificación del trabajo ordinario, siguiendo el espíritu de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Asistieron al acto el Cardenal Juan Luis Cipriani, los congresistas Fabiola Morales y Víctor Andrés García Belaunde y su señora esposa, Mons. Ricardo García, Mons. Raúl Chau, Mons. José Luis López Jurado, Mons. Frutos Berzal, Mons. Guillermo Oviedo Gambetta y varios sacerdotes.  Igualmente, el embajador Gustavo Texeira, el rector de la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo Hugo Calienes Bedoya, los periodistas Patricio Ricketts, Pedro Cateriano y Federico Prieto Celi, el doctor Roberto Salinas Durand, el jurista Pedro Cateriano Bellido, entre otros distinguidos invitados. La ceremonia se realizó en el domicilio de Mons. Sánchez Moreno, hoy 25 de junio de 2009, a las nueve de la mañana.  Se adjunta las palabras de agradecimiento de Mons. Sánchez Moreno. Puede leer las palabras de agradecimiento completas aquí

“La primera obligación que tengo hoy es agradecer a Dios tantas gracias que nos da; y pedirle a ese Dios bueno que sigamos siendo capaces de salir adelante en estos momentos críticos que estamos viviendo en el país. Como cristiano, peruano y arequipeño contemplo con pesar como se pone en riesgo el fruto del trabajo de muchos habitantes de este país. Hay toda una labor destructora que tenemos que denunciar, pero nosotros tenemos fe en Dios de que podemos hacer lo que tenemos que hacer para defender la civilización cristiana, peruana –y arequipeña- en el hogar y el trabajo, en toda la sociedad y en la Iglesia”, afirmó Mons. Luis Sánchez Moreno Lira, Arzobispo Emérito de Arequipa, al recibir la Medalla de Honor del Congreso de la República, en el grado de Comendador, por su fecunda labor pastoral en Chiclayo, San Vicente de Cañete y Arequipa.

http://www.arzobispadodelima.org/notas/2009/junio/250609a.html

UNA TRAYECTORIA SINGULAR

Nació en Arequipa el 12 de noviembre de 1925. Cursó estudios en los colegios “La Salle” de Arequipa y Lima, estudió letras y derecho en la Universidad San Agustín de Arequipa, graduándose de abogado. En Barcelona y Madrid cursó estudios de Doctorado en Jurisprudencia, obteniendo el grado de doctor en Derecho civil en la Universidad Central de Madrid. Así mismo se graduó de Periodista en Madrid.

Ingresó al Opus Dei en España. De regreso al Perú, dictó clases de Derecho civil en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Volvió a Roma, donde obtuvo el título de Doctor en el “Angelicum”.

En el año 1957 se ordena Sacerdote en Madrid. Al retornar al Perú, se dedicó plenamente a la labor sacerdotal, en una tarea básica de predicación y dirección espiritual. Designado por la Santa Sede como Obispo Auxiliar de Chiclayo, El 30 de abril de 1961 fue consagrado Obispo en la Catedral de Arequipa.

Asistió al Concilio Vaticano II

Como muy pocos prelados, tuvo la oportunidad de asistir a las cuatro sesiones del Concilio vaticano II, en el que presentó diversas ponencias, sobre todo referentes a los temas vinculados en la formación de sacerdotes y el papel de los seglares en la Iglesia.Posteriormente, por la muerte del Obispo de Chiclayo, Monseñor Daniel Figueroa Villón, fue elegido Vicario Capitular, y poco después, la Santa Sede lo designa Administrador Apostólico de Chiclayo.

Obispo-Prelado de Cañete Yauyos y Huarochirí El 26 de abril de 1968 fue nombrado Obispo de la Prelatura Yauyos, tomando posesión de su nuevo cargo el 26 de mayo del mismo año. Con la finalidad de promover las vocaciones sacerdotales fundó y estableció el Seminario Mayor “Academia San José” en el año 1971.

Labor pastoral El 31 de mayo de 1991, tuvo la alegría de inaugurar la impresionante y atractiva arquitectura del Santuario a la Virgen “Madre del Amor Hermoso”, con una hermosa imagen obsequiada en 1964 por San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Durante la época de su Obispado, la asistencia de Cáritas se profundizó promoviendo numerosas obras en beneficio de la gente más necesitada. También cabe mencionar: Comedores Populares, Centros de Atención Médica, apoyo a la construcción de carreteras, instalaciones de agua y desagüe, etc. En la ejecución de todos estos trabajos se contó con la valiosa colaboración de las Obras Corporativas del Opus Dei, el Instituto Rural “Valle Grande” y el Centro Profesional para la mujer “Condoray”.

Durante sus años en la Prelatura, se ha realizado el concurso prelaticio de Religión, evento anual con la participación de los alumnos de los Centros Educativos de Primaria y Secundaria, otorgándoles a los campeones, meritorios estímulos. También para la formación de una nueva generación de docentes, inauguró en 1982 el Instituto Superior Pedagógico de Cañete, y posteriormente otro similar en la ciudad de Yauyos y el distrito de Catahuasi, de los que han egresado numerosos maestros con lata capacitación y formación pedagógica que imparten eficientemente la educación en las aulas primarias y secundarias.

Arzobispo de Arequipa Después de 28 años de activa labor pastoral desplegada por Monseñor Luis Sánchez-Moreno Lira, fue designado por el Papa Juan Pablo II como nuevo Arzobispo de Arequipa, por sus méritos, virtudes y cualidades. Se quedó en la Prelatura de Yauyos hasta fines de abril del año 1996.

 

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lunes, 22 de junio de 2009

MONSEÑOR BRAULIO RODRÍGUEZ, PRIMADO DE TOLEDO

Y nos alegramos por muchas razones. Desde Perú, no podemos olvidar su visita con motivo del IV Centenario de Santo Toribio. Participó en todos los eventos toribianos, tuvo un paternal encuentro con los misioneros salmantinos y vallisoletanos en Perú y pronunció una magnífica conferencia sobre ISABEL LA CATÓLICA Y LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA en mi Universidad, UCSS. Les comparto la nota de la UCSS, su homilía en la toma de posesión de la sede primada de Toledo y la Pastoral dedicada a Santo Toribio.

I. ISABEL EVANGELIZADORA DE AMÉRICA. Las misiones evangelizadoras en la América del Descubrimiento, emprendidas por la Corona Española, y el importante rol de Isabel la Católica, fue el tema central de la conferencia Isabel la Católica, Cristóbal Colón y la evangelización de América, organizada por la UCSS el sábado 29 de abril, y que contó con la exposición del Excmo. Mons. Braulio Rodríguez, arzobispo de Valladolid (España). Fe, moral y piedad, fueron virtudes cristianas que junto a sus dotes de gobierno ejerció Isabel, según señaló Monseñor Rodriguez, quien visitó nuestro país a propósito del congreso que se realizó para conmemorar los 400 años de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo, organizado por el Arzobispado de Lima. Por otro lado, Monseñor donó un importante número de publicaciones respecto al tema, las mismas que se encuentran disponibles en la biblioteca de la UCSS. http://74.125.47.132/search?q=cache:lj2WLeM6u9IJ:www.ucss.edu.pe/quincenario/quincenario51.htm+%22braulio+rodriguez%22&cd=6&hl=es&ct=clnk&gl=pe

II. EL OBISPO NO ES OBISPO PARA SÍ SINO PARA LOS DEMÁS. Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, tomó posesión este domingo como Arzobispo de Toledo, Sede Primada. «En Cristo –ha dicho en la homilía– como Obispo, según la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, puedo ser pastor, guardián solícito, padre, hermano, amigo, portador de consuelo, servidor, maestro, hombre fuerte, sacramento de bondad. Y eso quiero ser para vosotros, queridos hermanos e hijos de Toledo«. En la Santa Misa concelebraron 6 cardenales, 10 arzobispos y 36 obispos y a asistieron, entre otras autoridades, el Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el alcalde de la Ciudad de Toledo, así como el Delegado del Gobierno en la comunidad y el presidente de las Cortes Regionales. También estuvieron presentes el alcalde de Valladolid y otras autoridades de Castilla y León.

(Agencias/InfoCatolica) El nuevo arzobispo de Toledo pidió a los fieles que le recuerden que "el obispo no es obispo para sí, sino para los demás, para los muchos hijos que Dios le ha dado en Toledo, sacerdotes, seminaristas y fieles laicos, religiosos y otros consagrados, mayores y ancianos". En su primera homilía como Pastor de la Iglesia de Toledo, --el número 120 en la sucesión apostólica en la archidiócesis primada-- don Braulio afirmó que "el obispo está obligado a iluminar con la fuerza del Evangelio las nuevas cuestiones que los cambios de las situaciones históricas presentan de continuo. Así están, ante nosotros, los cambios en las cuestiones culturales, sociales, económicas, científicas y tecnológicas". "¿Serán estas cuestiones competencia, pues, del obispo?", se preguntó el nuevo arzobispo de Toledo, contestándose a continuación asimismo: "No, si entra en el juego político; sí, si se trata de iluminar y orientar problemas concretos que tienen los hombres y mujeres, también los cristianos, y que se abordan desde una fe en Jesucristo que unifica y no crea dualismos estériles y esterilizantes, pues la verdad no destruye, sino que purifica y une".

Monseñor Rodríguez comenzó su homilía aseverando que "la tarea me supera, soy consciente de mi inadecuación a ella. ¿Qué hacer? Lo habéis oído, hermanos, ser valiente, no acobardarme, pero sólo porque está el Señor en medio de su pueblo. ¿Cómo, en caso contrario, aceptar esta misión que su Santidad Benedicto XVI ha querido encomendarme, y a quien agradezco de corazón su confianza? (...) ¿Cómo presentarme aquí, ante vosotros, hermanos cardenales, arzobispos y obispos?".Tras agradecer al cardenal Cañizares "sus desvelos y esfuerzos pastorales de estos años, junto a monseñor Carmelo Borobia, obispo auxiliar", exhortó a los fieles a pedirle que "tenga fortaleza interior y exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente decidido, a fin de que sea cristiano no únicamente de nombre, sino sobre todo con la vida; que sea fiel a Cristo y esté dispuesto a gastar mi vida por vosotros".

"Te acogemos con grande amor" En una alocución anterior, el cardenal Antonio Cañizares se dirigió al nuevo arzobispo señalándole que "la Iglesia que está en Toledo, sus buenas gentes castellano-manchegas y extremeñas, todos, te acogemos con grande amor, con verdadera fe y con una firme esperanza. Toledo, ciudad y diócesis abiertas, lugar de unidad y de fragua de unidad entre pueblos y culturas, creadora de cultura, re recibe con gozo y como don de lo Alto". Por su parte, el Nuncio Apostólico en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, tuvo palabras de cariño tanto para el nuevo arzobispo como para el arzobispo saliente. De esta manera, durante su intervención en la toma de posesión quiso destacar las virtudes y las dotes en el ministerio sacerdotal de Braulio Rodríguez, al mismo tiempo que felicitó a Cañizares por la "valiosa labor" que ha desarrollado durante los seis años que ha estado en Toledo.

III. PASTORAL SOBRE SANTO TORIBIO. El más grande obispo misionero del nuevo mundo

Año diocesano 2006, cuarto centenario de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo

1. El 12 de diciembre de 2005 la Penitenciaría Apostólica respondía afirmativamente a una solicitud que yo había hecho al Santo Padre: que en el año 2006, declarado por mí Año Diocesano dedicado a Santo Toribio de Mogrovejo en el IV centenario de su muerte, se concediera la Indulgencia plenaria a los fieles que, bajo las condiciones usuales de Confesión sacramental, Comunión eucarística, recitación de la oración dominical y del Credo por las intenciones del Romano Pontífice, la quisieran recibir. Lo considero una deferencia del Papa Benedicto XVI para con esta Iglesia de Valladolid, hermanada a la Archidiócesis de Lima por el Santo Arzobispo.

2. ¿Cuáles son las causas que me han llevado a acceder a la petición de un Año Diocesano que me hizo la parroquia y la villa de Mayorga por medio de sus sacerdotes? Son varias. Algunas tienen que ver con ofrecer la posibilidad de renovarnos cristianamente y como Iglesia viendo el testimonio de la figura gigante de Santo Toribio, "el más grande Obispo misionero del Nuevo Mundo"; otras se relacionan con la posibilidad de mostrar a adolescentes, jóvenes y mayores cómo siguiendo a Jesucristo se consigue ser personas humanamente muy valiosas, viviendo con pasión, alegría y paz la forma de vida que inauguró el Salvador, nuestro Señor Jesucristo, cara al Padre de los cielos, y que crea igualmente una nueva manera de relacionarnos y amar a los demás hombres y mujeres con los que nos encontramos en nuestra vida.

Santo Toribio es un ejemplo diáfano de vida cristiana; es, además, alguien nacido en nuestra tierra, en la que fue bautizado y educado en la fe católica. Particularmente importante es mostrar a los jóvenes de esta Castilla nuestra que la vida cristiana hace bien a las personas, mejores ciudadanos, que merece mucho la pena esa vida cristiana; y que ha sido la Iglesia Católica, engendradora y Madre de los cristianos, quien ha posibilitado esta forma de vida, basada en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, vivo y resucitado. Reconocer los fallos que los hijos de esta Iglesia hemos tenido para nada debe significar aceptar sin crítica ese desdén, desprecio, e incluso insultos que se dan en muchos de nuestros contemporáneos hacia la Iglesia Católica; no ver las cosas grandes que han hecho los hijos de la Iglesia, hombres y mujeres, a lo largo de la historia, imposibilita una aceptación cordial de Cristo y su Evangelio y, con ello, la transmisión de la fe. Todo lo cual supone para nosotros un reto formidable, pues sin transmisión de la fe a las nuevas generaciones no habrá, lógicamente, cristianos en el futuro.

3. Pero otra de las razones por las que hice mío el deseo de un Año Diocesano dedicado a Santo Toribio de Mogrovejo es el deseo de que desaparezca el desconocimiento de lo que este Santo significa, de su vida y actividad apostólica, de creador de unas condiciones nuevas en la Archidiócesis limeña; conocer también la dedicación infatigable de este Arzobispo a sus fieles, sacando de su fe católica, vivida con intensidad y generosidad, la capacidad para abrir el futuro afrontando los retos pastorales del momento. Se trata, en realidad, de recuperar la memoria histórica de nuestro pueblo cristiano, que en tantas ocasiones desconoce a sus grandes mujeres y hombres y lo que hicieron para vivir su fe.

4. Me parece igualmente interesante resaltar que este Año Diocesano 2006 puede ayudarnos a potenciar el Plan Diocesano de Pastoral para el trienio 2004-2007 ¿Qué hemos de hacer, hermanos?. Recordemos sus tres prioridades pastorales: el cuidado y la formación sólida de los cristianos que deben llevar a cabo la evangelización; la de querer recobrar en los católicos de Valladolid el entusiasmo por el anuncio del Evangelio de la esperanza; la tercera insiste en el misterio de comunión eclesial entre los que formamos la Iglesia. Ponemos, pues, a Santo Toribio como valedor en este 2006 para pedir al Señor estas gracias al llevar a cabo estas tareas eclesiales. Y lo hacemos, sobre todo, peregrinando a la Iglesia Catedral y al lugar del nacimiento del Santo Arzobispo en Mayorga.

Algunos rasgos biográficos de Santo Toribio

5. ¿Quién fue Santo Toribio? ¿En qué consiste su testimonio cristiano, que hizo de él figura señera en el Nuevo Mundo? Al leer su biografía y sus tareas pastorales, nos vemos obligados a confesar que en él vibraba el mismo temple apostólico que animó a San Pablo o a San Francisco Javier, cuyo V centenario de su nacimiento celebramos también en 2006. Pienso que el grito paulino: «¡Ay de mí si no evangelizare!» (1Co 9,16), se apoderó de Santo Toribio en las duras y agotadoras jornadas que llenaron su existencia como Arzobispo de Lima.

6. Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga, hoy provincia y Archidiócesis de Valladolid, en 1538. Compartimos con la Diócesis hermana de León la gloria de este santo, pues Mayorga perteneció a esa Iglesia leonesa hasta 1955. Tercero de los hermanos del matrimonio compuesto por don Luis, "el Bachiller Mogrovejo", como le decían, y doña Ana de Robledo, siguieron a su nacimiento dos hermanas, la más pequeña religiosa dominica contemplativa. Muertos sus dos hermanos mayores, a él le correspondió el mayorazgo de los Mogrovejos, institución tan arraigada entonces. Remito al lector a la amplia y excelente biografía en dos tomos de don Vicente Rodríguez Valencia, mayorgano y archivero de nuestra Catedral. Aquí únicamente quiero subrayar algunos rasgos de su vida hasta su llegada a Lima siendo ya Arzobispo.

7. Una buena educación es siempre garantía de buen futuro, y nuestro santo la tuvo. Estudia primero en Valladolid lo que podría ser entonces secundaria (gramática y retórica) y en 1562, con 24 años, comienza a estudiar en Salamanca, una de las universidades principales de la época, que sirvió de modelo a casi todas las universidades americanas del siglo XVI, entre ellas a la por entonces ya fundada universidad de San Marcos de Lima. En Salamanca le ayudó mucho, en su formación personal y en sus estudios, su tío Juan de Mogrovejo, catedrático en aquella universidad y más tarde en Coimbra, donde también Toribio Alfonso pasó dos años de estudiante.

En 1571 gana por oposición una beca en el famoso Colegio Mayor salmantino de San Salvador de Oviedo. A conseguir esa beca tal vez ayudó su relación con el pueblo leonés de Villaquejido, perteneciente entonces a la llamada Vicaría ovetense en tierras leonesas y zamoranas. En Salamanca conoció a un condiscípulo y gran amigo, Diego de Zúñiga, que le ayudará con su consejo en los pasos decisivos de su vida. Cuando más tarde fue nombrado Toribio Inquisidor de Granada, el influjo de su amigo Zúñiga, entonces oidor de esa Audiencia granadina, fue gran ayuda para que ejerciera función tan alta y delicada, en la que permaneció cinco años. Tenía entonces 35 años.

8. ¿Un Inquisidor santo?, se preguntarán algunos, influenciados por el juicio negativo que la Inquisición tiene hoy en nuestra sociedad. Sin embargo, para este cristiano laico de 35 años fue aquél un tiempo valioso, pues aprendió a ejercitar el discernimiento y la prudencia, sirviendo a la pureza de la fe en aquella sociedad compleja, en la que moriscos y abencerrajes estaban mezclados con la población cristiana. A este fiel laico, ecuánime y justo juez, le sorprende la designación para ser Arzobispo de Lima en marzo de 1578. En aquellos días, tanto el Rey como el Consejo de Indias recibían continuas solicitudes de virreyes y gobernadores, para que mandaran a las Indias obispos jóvenes, abnegados y fuertes, pues tanto el empeño misionero como el gobierno eclesiástico de aquellas regiones, apenas organizadas, requerían hombres de mucho temple y energía evangélicas. Tal eran las demandas que llegaban de Lima, sin Arzobispo desde 1575.

9. En ocasión solemne, Felipe II afirmó: «la elección que yo hice de su persona…». Muestra el rey que conocía bien quién era Toribio Alfonso, persona idónea para proponer al Papa como Arzobispo de Lima; pero en ese 1578 era miembro del Consejo de Indias Diego de Zúñiga, y conociendo bien a Santo Toribio, su consejo reforzaría la convicción del monarca. Tenía el electo Arzobispo 39 años y era fiel laico. Se explica así que necesitara algunos meses para decidirse a aceptar el nombramiento. Sin duda fueron meses de intensa oración y discernimiento y, conociendo su persona y su vida, tiempo de purificar la intención para aceptar ser sucesor de los Apóstoles en un momento eclesial de renovación, tras el Concilio de Trento, que tanto exigió a los obispos para ser, ante todo, pastores de su pueblo.

10. Recibe en Granada las órdenes menores y el subdiaconado —ministerios hoy desaparecidos—; más tarde, pues continuó en esa ciudad dos años más como Inquisidor, recibe el diaconado y el sacerdocio presbiteral. Prepara en esos dos años su viaje a América, a donde le van a acompañar veintidós personas, entre ellas su hermana Grimanesa y su cuñado Francisco de Quiñones. Se despide en Mayorga de su madre doña Ana, y es ordenado obispo en Sevilla, donde está la llave que abre las puertas de las Indias. Por fin, en septiembre de 1580, desde Sanlúcar de Barrameda, parte con los suyos en la flota que va a Perú.

El Arzobispo de Lima

11. ¿A qué iba Toribio Alfonso a Perú? A ser, como sucesor de los Apóstoles, el segundo Arzobispo de Lima, una archidiócesis de enorme extensión, con un territorio donde actualmente hay 19 grandes diócesis; una archidiócesis que tenía sufragáneas no sólo en el actual territorio de la República de Perú, sino igualmente en Panamá y Nicaragua, en Colombia, Bolivia y Uruguay, en Argentina y en Chile. Llega a suceder al dominico Fray Jerónimo de Loaysa, primer arzobispo limeño, muerto en 1575. Fue sin duda este dominico un gran obispo, pacificador de españoles y protector de indios, que midió muy bien la realidad y sus posibilidades de acción pastoral. Un buen pastor.

En esa senda se colocó el Arzobispo Toribio Alfonso, tratando además de aplicar la gran disciplina eclesiástica del Concilio de Trento a la realidad pastoral, algo que no pudo conseguir Loaysa. El nuevo Arzobispo asume, pues, la diócesis en los comienzos de su organización, tras seis años de sede vacante. Ciertamente tenía Lima abundante clero diocesano y regular, y un Cabildo de hombres bien preparados en la universidad limeña de san Marcos, fundada casi treinta años antes. En sus más de veinticinco años de ministerio episcopal Santo Toribio distribuye de forma verdaderamente rigurosa y exacta su tiempo, lo cual muestra en él un perfecto dominio de sí mismo. Él solía decir: «No es nuestro el tiempo». Así se explican algunos datos de esos años de tarea episcopal:

1581: llegada de Santo Toribio a Lima, habiendo desembarcado en Paita al Nordeste, justo al lado de donde está el territorio del Bajo Chira donde han misionado y siguen trabajando sacerdotes castellanos, hoy Arzobispado de Piura, y que tuve la dicha de conocer en 1991 y donde está la primera iglesia construida en Perú. En ese mismo año el Arzobispo hace la primera salida de su sede limeña, «para tomar claridad y lumbre de las cosas que en concilio se habían de tratar». 1582-1583: III Concilio Provincial de Lima; 1584-1590: Primera Visita General; 1591: IV Concilio de Lima; 1593-1597: Segunda Visita General; 1601: V Concilio de Lima; 1605-1606: Tercera Visita General. Celebró también tres Sínodos Diocesanos. Muere en 1606.

12. ¿Cómo fue su tarea apostólica? La Diócesis, como todas las establecidas en el siglo XVI, era fundamentalmente misionera. Pero muy consciente de ello, Santo Toribio, a diferencia de otros obispos que se quedaban en su sede y dejaban a los religiosos y doctrineros la acción propiamente misional, se dedicó principalmente al apostolado entre los indios, limitando casi sus estancias en Lima a los tiempos en que se celebraron sus tres concilios y los sínodos diocesanos.

En sus visitas pastorales, que conocemos bien por el Diario y por el Libro de la Visita, todo quedaba anotado: estado de los indios, de los templos, estadísticas, otras anotaciones pastorales o de administración. Me recuerdan estos libros a la práctica que otro gran obispo, Juan de Palafox y Mendoza, trajo de Puebla de los Ángeles (México) a la diócesis de Osma unos cincuenta años después. Sin duda, los secretarios de visita, que se turnaban para acompañar al Arzobispo, quedaban agotados; pero él iba siempre adelante, viajando no en litera o silla de manos llevado por los indígenas, como era norma en los indios o españoles principales, sino siempre en mula o a pie. Viajes nada cómodos, en los que no era raro tener que pasar la noche al sereno, lejos de cualquier tambo o lugar para hospedarse. Y no visitaba sólo los centros principales, ni empleaba delegados, sino que él mismo se allegaba visitando personalmente a sus fieles, no dejando cosa por ver.

13. El apostolado no es otra cosa que mostrar a los hombres y mujeres el amor que Dios nos tiene en Cristo, según aquello que se dice en 1Jn 4,16: «Y nosotros hemos experimentado —y es porque hemos creído— el amor de caridad que Dios tiene para con nosotros…». El amor de Cristo a los indios del Perú se manifestó de forma conmovedora en las andanzas apenas imaginables que el santo Arzobispo Mogrovejo pasó en sus visitas pastorales. Los incas habían dejado una incipiente red viaria, pero él hubo de ir muchas veces por caminos de cabras, «aptos sólo para ciervos», como decía el Padre Acosta, su colaborador principal.

Santo Toribio iba siempre animando a todos, con buen semblante, unas veces detrás del grupo, recogido en oración; otras veces delante, abriendo camino, si el paso era peligroso, y en ocasiones cantando a la Virgen, semitonando aquellas Letanías del Concilio de Lima —así llamadas porque se incluyeron en la compilación de Sinodales del Santo—, en las que, por cierto, se confesaba a la Inmaculada Concepción de María y su gloriosa Asunción a los cielos con varios siglos de anticipación a su proclamación dogmática.

14. Nos resulta, digo, casi inimaginable lo que Santo Toribio pasó recorriendo aquellas inmensas distancias en sus visitas pastorales. Eso sólo se hace por amor a Jesucristo y a los hermanos, los hijos que Dios le había dado, como me reconocía un arzobispo mexicano cuando él comprobaba hasta dónde subían y bajaban sus antecesores en los siglos XVI y XVII. Sin duda Santo Toribio tuvo buena salud para poder recorrer esos 40.000 km, pero, ¿cómo explicar, en última instancia, esos más de veinticinco años de vida pastoral, la mayor parte de ellos de camino, en chozas, a la intemperie, a pan y agua en ocasiones? Es una demostración palmaria de que un hombre tan sinceramente enamorado de Dios como Santo Toribio, viene a participar de la omnipotencia divina, y que se hace tan fuerte como el amor que inflama su corazón y puede con todo. Y, además, con facilidad y alegría, pero dando la vida.

Ahora entendemos su frase: «No es nuestro el tiempo». Nunca viajó a España, ni se le pasó por la mente un tiempo que nosotros llamamos de vacaciones. Él sabía aquello de San Pablo: «el tiempo es corto» (1Co 7,29). Para su tarea pastoral no había tasa de tiempo, como cuando agotado por el viaje y la celebración de una Confirmación se levantó de la mesa, al saber que a un cuarto de legua había un indio enfermo, que no pudo estar en la celebración, y allá se fue con su capellán Cepeda. Le animó y confirmó con toda solemnidad, como si hubiera «un millón de personas».

15. Bien podían quererle los indios, que «no le saben otro nombre más que el de "Padre santo"». Cuando el Arzobispo, una vez celebrada la misa en el claro del bosque, o junto al río fragoroso, o en una capilla perdida en las alturas andinas, bajo el vuelo circular de los cóndores, se despedía de los indios y después de bendecirlos se iba alejando, «lloraban con muchas voces su partida como si se ausentase su propio padre». Ciertamente lo era, repitiéndose lo que dice San Pablo en 1Co 4,15: «Aunque tengáis diez mil pedagogos en Cristo, no tenéis muchos padres, que quien os engendró en Cristo por el Evangelio fui yo». A veces la fe actual, que vemos tan viva en tantos hermanos nuestros hispanoamericanos, se explica a partir de vidas como la de Santo Toribio.

16. Sabemos, por otro lado, que el Santo tuvo dificultades y denuncias ante el rey Felipe II por no estar en Lima y sí ausente tanto tiempo en esas visitas pastorales. Él alega siempre los imperativos de su oficio (amoris officium), y cita las normas dadas por el Concilio de Trento, y no muda su forma de conducta, asegurando que «andar en las visitas es lo que Dios mandaba» y lo «hacía por Dios y por cumplir con su obligación». Jamás permitió, pues, que el Rey se entrometiera en las cosas de Dios indebidamente, y en lo referente a las visitas pastorales nunca modificó su norma de vida episcopal.

17. Otro apunte de su vida. En el antiguo imperio de los incas se hablaban numerosas lenguas. Ya en 1564 se disponía de un Arte y vocabulario de la lengua más común en Perú, el quechua, libro compuesto por Fray Domingo de Santo Tomás y publicado en Valladolid. Los padres y misioneros, sin embargo, salvo pocas excepciones, no se animaban a aprender las lenguas indígenas. Eran difíciles y había poca estabilidad en los oficios pastorales para ello. A la llegada de Santo Toribio al Perú, todavía aprendían los indios la doctrina en lengua latina y castellana, «sin saber lo que dicen, como papagayos». En México la acción misionera había ido mucho más adelante en la asimilación de las lenguas nativas.

El problema lingüístico era preciso abordarlo. Es justo decir que los virreyes, Presidentes y Oidores de Lima trabajaron mucho y prepararon el camino de la solución que dio más tarde Santo Toribio. De hecho triunfó siempre el criterio teológico misional de llevar a los indios el evangelio en la lengua nativa de cada uno de ellos. «Se vaciló poco en sacrificar el castellano a las necesidades misionales», dice V. Rodríguez Valencia en la biografía (t. I, p. 347). Por el influjo de los virreyes, Felipe II prohibió la presencia de clérigos para Doctrinas (lo que más tarde serían las parroquias). Hasta 1685 no se toman provisiones para unificar la lengua de América en el castellano, pues hasta entonces, por fuerza de la evangelización en lengua latina, estaba «tan conservada en esos naturales su lengua india, como si estuviesen en el Imperio del Inca» (V. Rodríguez Valencia, t. I, p. 365). Tampoco fueron respetadas las lenguas nativas de lo que hoy conocemos como Iberoamérica o Latinoamérica una vez que los pueblos de este continente se independizaron de España; a aquellos ilustrados que rigieron las repúblicas independientes no les interesaban mucho los indígenas y sus lenguas nativas.

Lo cierto es que el Rey en 1580 dispuso que en Lima y en todas las ciudades del Virreinato se fundaran cátedras de lengua indígena, como había ya hecho el arzobispo Loaysa en 1551; éstas tenían una finalidad directamente misional, pues en ellas habían de hacer el aprendizaje necesario los sacerdotes seculares y los religiosos para que los naturales «viniesen en el verdadero conocimiento de nuestra santa fe católica y Religión Cristiana». La dignidad cristiana de esta cédula real de Felipe II está a la altura del Testamento de Isabel la Católica. Puede decirse que prevaleció el criterio teológico y se sacrificó el castellano por el esfuerzo misional de aprender las lenguas indígenas. Ahí está una de las razones de por qué todavía existen lenguas vivas como el quechua, el aymará y el guaraní.

La cédula real, a la que aludimos, llegó al Perú en la misma flota que trajo al Arzobispo Mogrovejo, quien procuró enseguida su aplicación en el Concilio III de Lima (1582-83). Él había tal vez ya estudiado el Arte y vocabulario quechua, pues al poco de llegar usaba el Arzobispo esa lengua para predicar a los indios y tratar con ellos. Por supuesto, se ayudaba sin duda de intérpretes para hacerse entender, pues muchas eran las lenguas nativas en el Perú del siglo XVI.

El tercer concilio provincial de Lima

18. La celebración precisamente de tres concilios provinciales por el Arzobispo Metropolitano de Lima son, por otro lado, un hito en su tarea de renovación eclesial, un comienzo nuevo en definitiva. Como hemos conocido en nuestro tiempo, tras la celebración del Concilio Vaticano II, también después de la celebración del magno Concilio de Trento (1545-1563) se llevaron a cabo muchos concilios provinciales en las sedes metropolitanas de la Península y de Ultramar, impulsados por el fortísimo deseo de renovación eclesial; Felipe II secundó esta praxis y en 1580 encargó al recién elegido arzobispo de Lima que reuniera el III Concilio Provincial, y que exigiera asistencia a todos los obispos sufragáneos. Tarea difícil, sobre todo para un obispo joven, inexperto entre tantos obispos maduros. Pero supo Santo Toribio rodearse de colaboradores, como su cuñado Francisco de Quiñones y el mismo virrey Francisco de Toledo, sin olvidar al jesuita José de Acosta, natural de Medina del Campo, hombre polifacético, teólogo y canonista, naturalista y poeta. Su De procuranda indorum salute se puede considerar el primer manual de misionología de los tiempos modernos.

Otros mil problemas, que pusieron a prueba la paciencia del Arzobispo, hay que reseñar en la dificultad que supuso este Concilio III. Efectivamente, gracias a su paciencia humilde, prevaleció la misericordia de Dios sobre las miserias de los hombres, y, dejados a un lado los problemas y los pleitos personales de los obispos, pudo lograrse una gran unanimidad a la hora de resolver los graves asuntos del Concilio, que dividió su trabajo en cinco puntos o acciones. Destacamos algunos de los logros de este Concilio Provincial limeño, que muestran, a la vez, la calidad de pastor que fue Santo Toribio.

19. El cuidado de los indios. «La defensa y el cuidado que se debe tener de los indios» constituye sin duda el centro en torno al cual gira todo el Concilio Provincial. Es aquí donde la personalidad del Arzobispo destaca. Deben ser tratados como hombres libres y vasallos del Rey. El cuidado pastoral de los indios ha de incluir toda una labor de educación social. Esta perspectiva, en la que evangelización y civilización se integran, es la que caracteriza el planteamiento de las Doctrinas-parroquias que Santo Toribio, con sus colaboradores, concibió y desarrolló. Formó para ello un sistema que había de perdurar durante siglos, adoptando formas concretas muy diversas, y que, aunque con sus fallos, tuvo una importancia decisiva tanto en la evangelización de América como en la misma configuración civil de muchos pueblos.

20. La lengua. El Concilio impone la lengua indígena en la catequesis y la predicación, prohibiendo el latín y la exclusividad del castellano. La misma Corona niega la provisión de Doctrinas a los clérigos y religiosos que ignoren la lengua indígena. Lo cual no impidió la enseñanza del castellano en las escuelas. Y es que los Reyes hispanos del siglo XVI nunca consideraron las Indias como colonias, sino como Reinos de la Corona española. Esa fue la mentalidad del III Concilio de Lima, expresada en lo que había escrito el medinense padre Acosta: «Desde luego, la muchedumbre de indios y españoles forman ya una república, no dos separadas: todos tienen un mismo rey y están sometidos a unas mismas leyes y tribunales» (De procuranda indorum salute, III, 17).

21. El Catecismo. Superar una situación lamentable, que duró los primeros 50 años de evangelización, respecto a los catecismos para enseñar la fe cristiana, fue un empeño enorme, que el Concilio de Lima se atreve a intentar resolver, bajo el impulso del Arzobispo. El texto catequético trilingüe (español, quechua y aymará), conocido como Catecismo de Santo Toribio, es sin duda la joya más preciosa de este Concilio. Se logra unificar la enseñanza catequética de los indios en la provincia eclesiástica de Lima, es decir, en casi toda la América hispana del Sur y del Centro. El Concilio ordena a los curas de indios que lo tengan y lo usen. El Catecismo grabó en los corazones la verdadera fe católica, lo que hay que creer, lo que hay que orar, y lo que hay que practicar.

22. Las visitas pastorales. La norma personal que Santo Toribio sigue para visitar y conocer a sus fieles, apenas seguida por otros obispos, viene ahora a hacerse norma conciliar para todos los obispos, con la aprobación unánime de éstos. Uno de los documentos conciliares, la Instrucción para visitadores, obra personal de Santo Toribio, va a ser en esto gran ayuda.

23. Sacerdotes. Los padres conciliares piensan que es mejor para la Iglesia y «la salvación de los naturales haber pocos sacerdotes y éstos buenos que muchos y ruines». Es un principio muy sabio. El Concilio III de Lima se propuso la dignificación del clero, impulsándole a la dedicación pastoral, exigiéndoles la residencia y la vida honesta. Ya entonces, para alejar a los sacerdotes de todo comercio, el Concilio decide suprimir aranceles en la atención a los indios, de modo que «ni por administrarles cualquier sacramento, ni por darles sepultura se pudiese pedir ni llevar cosa alguna».

Con vistas a toda esta reforma, el Concilio impulsa eficazmente el establecimiento de Seminarios según las normas de Trento, en los que se cuide a un tiempo la elección y la formación de los candidatos al ministerio sacerdotal. Aplicando estas normas, Santo Toribio funda el Seminario de Lima, uno de los primeros de América en aplicar el modelo de Trento.

24. Liturgia. Quieren los obispos y su Arzobispo que se celebre el misterio cristiano con gran esplendor y ceremonia, pues «esta nación de indios se atraen y provocan sobremanera al conocimiento y veneración del Sumo Dios con las ceremonias exteriores y aparato del culto divino». Se indica algo que sigue siendo hoy importante: «escuela y capilla de cantores y juntamente música de flautas y chirimías y otros instrumentos acomodados en la iglesias». Conocemos el esplendor del culto en las Reducciones del Paraguay, con grandes coros y orquestas, realmente impresionantes.

25. He aquí narrado a grandes rasgos lo que fue este III Concilio Provincial de Lima, sin duda la asamblea eclesial más importante que vio el Nuevo Mundo hasta el siglo de la independencia, y uno de los esfuerzos de mayor aliento realizados por la jerarquía de la Iglesia y la Corona española para enderezar por cauces de humanidad y justicia los destinos de los pueblos de América, como exigencia que nace de la propia evangelización. En este Concilio la figura y el trabajo de Santo Toribio fueron esenciales; también lo fueron las cartas que el Santo escribió al General de los Jesuitas, rogándole que apoyara ante el Papa los acuerdos del Concilio. De ahí la respuesta del Prepósito de la Compañía a Santo Toribio: «Su Santidad os alaba en gran manera».

26. ¿Hubo promoción del clero indígena tanto por el III Concilio de Lima como por Santo Toribio? La solución que el Santo Arzobispo dio en el Concilio fue prescindir de toda discriminación racial, no excluir del clero diocesano o de las órdenes religiosas a criollos, mestizos e indios, pero apurar delgadamente las cualidades de idoneidad. Estamos ya bajo la norma dada para los seminarios y órdenes religiosas por el Concilio de Trento, de modo que no se aparte de las órdenes sagradas a los indios, negros o mestizos sino por impreparados.

27. El gran Concilio III de Lima muestra, pues, en sus textos la mano de Santo Toribio, la determinada determinación de su dedicación misionera y pastoral, su apasionado amor a Cristo, a la Iglesia y el amor preferencial al grupo mayoritario de sus fieles: los indios. El talante pastoral de Santo Toribio es impresionante; hombre evangélico, vivió siempre la fidelidad y fue humilde en la presencia del Señor. No era, sin embargo, una persona retraída, y «en saliendo de la iglesia, era muy afable con todo género de gente». Muy afable, cortés y tratable, dicen de él sus testigos, y «no sólo con gente española, sino con los indios y negros, sin haya persona que pueda decir que le dijese palabra injuriosa ni descompuesta».

No era, sin embargo, una personalidad blanda, aunque «no tenía puerta cerrada a nadie ni quería tener porteros ni antepuertas, porque todos, chicos y grandes, tuviesen lugar a pedirle limosna y a sus negocios y a pedir justicia». Por ello dio pruebas tanto de benignidad como de fortaleza, siendo a un tiempo ingenuo y sagaz, dispuesto a defender a sus clérigos, pero también a que cumplieran éstos sus deberes pastorales más graves.

28. El Santo Arzobispo renunció siempre a recibir nada por sus ministerios episcopales, y hacía gratis las visitas pastorales, algo que hoy se ve normal y lógico, no entonces. Renunció igualmente a la renta asignada por el Patronato real y tanto relatos como testigos cuentan sin parar de sus continuas limosnas y que si «no bastare su renta, se buscaba prestado para el efecto, que él lo pagaría». Gustaba de convidar a su mesa muchos días a indios pobres, y tuvo gran caridad con los emigrantes.

29. Un hombre de esta santidad cristiana necesariamente debía tener su explicación y su origen en su vida según el Espíritu. Quienes le conocieron y testificaron sobre su vida afirmaban que Santo Toribio vivía siempre en oración. Durante sus interminables viajes en visita pastoral, que le llevaban tantas horas y días, iba muchas veces retirado del grupo para poder orar. Y aún dedicaba más tiempo a la oración cuando estaba en Lima, donde paraba poco. Podemos pensar, sin duda, que era hombre en extremo austero, en parte por mortificación, pero también para dar a los españoles, y en especial al clero, un ejemplo máximo de pobreza, del cual a veces estaban no poco necesitados en el Perú de entonces.

30. La vida de Santo Toribio no abunda en actos extraordinarios o en milagros, como buen castellano sobrio y austero; pero toda ella fue un milagro de la gracia de Cristo. Parecía cosa sobrenatural el haber podido vivir tanto como vivió con tanta abstinencia como tuvo y tan poco regalo. Éste es nuestro Santo, a quien ponemos como intercesor en esta celebración del Año Diocesano, para que los católicos de esta Iglesia de Valladolid, de esta tierra que le vio nacer y crecer en la fe, seamos capaces de transmitir la fe a las generaciones más jóvenes, como el mejor servicio que podemos hacerles, y aunque esta fe en nuestro Señor Jesucristo, por desgracia, no sea ahora tan valorada. Una petición debería dirigirse al Señor durante este Año Diocesano: que no tengamos miedo de dar razón de nuestra fe a quienes nos pidan directa o indirectamente y desaparezca de nosotros ese cierto complejo que nos atenaza al pensar que nuestra fe no vale para estos tiempos "modernos".

Siempre he pensado que hombres y mujeres que han sido santos siguiendo a Jesucristo, tras haberse encontrado con Él vivo y resucitado, han sido a la vez grandes benefactores de la humanidad; y se les recuerda no sólo por sus grandes realizaciones religiosas o espirituales, sino también porque, unidos a Jesucristo, sus personas han conseguido la plena realización humana dejando actuar a la gracia de Dios manifestada en Cristo, lo cual atrae necesariamente a los demás. Necesitamos mujeres y hombres como Santo Toribio, a quien encomendamos nuestras tareas de evangelización, de catequesis, de atención a los más pobres y enfermos, nuestros deseos de seguir renovándonos, renovando a la Iglesia en la senda trazada por el Concilio Vaticano II. Pero, eso sí, amando a la Iglesia, porque sin ella perdemos a Jesucristo, su Cabeza, que ama a su Cuerpo, la Iglesia por la que Él se entregó hasta la muerte de cruz.

La última visita pastoral

31. Al acabar estas páginas dedicadas a Santo Toribio y mostrar su enorme proyección, desearía de nuevo que fuera más conocida esta figura de santo cristiano. Lo haré evocando la última visita pastoral del Santo Arzobispo.

32. La inicia en enero de 1605 y es su tercera visita general a su enorme Archidiócesis. Era él consciente de que su vida llegaba a su fin. De hecho, al despedirse de su hermana Grimanesa, le dijo a ésta: «Hermana, quédese con Dios, que ya no nos veremos más». Tenía ya 66 años y, sacando fuerzas de flaqueza, va una vez más hasta el norte de su Diócesis por las inmensas distancias de Chancay, Catajambo, Trujillo, Lambayeque, Huaylas, Huarás.

En la Semana Santa de 1606 está en Trujillo. Quiso ir a Saña, a consagrar los Santos Óleos, pero se lo desaconsejaron vivamente, «por ser tierra muy enferma y cálida y que morían de calenturas». Pero emprendió el camino de Saña, haciendo un alto en Pacasmayo, donde los Agustinos tenían un monasterio dedicado a la Virgen de Guadalupe. Allí pudo rezar ante la Virgen morena, la extremeña. Tras visitar Chérrepe y Regue, llegó a Saña muy enfermo, y a los dos días, el jueves Santo de 1606, a los 67 años, entregó su vida al Señor quien no había hecho otra cosa en todo el tiempo de su existencia. Así lo narra Bartolomé de Menacho, que le acompañaba en esta ocasión:

«… Y él les dijo que no le dejasen, porque era llegado el tiempo de su partida. Y díjoles que abriesen el Libro Pontifical, para que le dijesen lo que en él está cuando muere el prelado. Y andando hojeando les pidió el dicho libro y señaló lo que dijo que le leyesen y dijesen allí a voces, y cruzando las manos con actos cristianísimos de un santo como era, habiendo recibido todos los sacramentos, dio el alma a Dios nuestro Señor».

La sencillez del relato muestra la grandeza de este santo, canonizado en 1726, reposando sus restos en la Catedral de Lima. Ocho años más tarde de su canonización, el 27 de septiembre de 1734, llegaba a Mayorga una reliquia del Santo, otorgada por la Iglesia limeña. Los mayorganos salieron a recibirla en la noche alumbrados por teas de pez encendidas fuera de la población. Bendita sea la memoria del Santo Patrón de los Obispos iberoamericanos; y alabado sea el Señor Jesucristo que suscitó su persona en su Iglesia; bendita también sea esta Iglesia que engendró a la fe al que en aquella familia cristiana de Luis de Mogrovejo y Ana de Robledo había nacido en Mayorga. Fue buena la semilla y grandioso el fruto.

En Valladolid, 6 de enero de 2006, solemnidad de la Epifanía del Señor.

† Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid

Notas: Referencias bibliográficas:
1. V. Rodríguez Valencia: Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y apóstol de Sur-América, I y II, CSIC, Madrid 1956-1957
2. J. Ramírez Martín: San Toribio de Mogrovejo (C, Vallisoletanos, 43). Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular, Valladolid 1985.
3. P. Romero Ballán, (Ed.): Misioneros de la primera hora. Grandes evangelizadores del Nuevo Mundo. Madrid 1990. pág. 135-142.
4. Luis Resines Llorente, Catecismos Americanos del siglo XVI, I, Valladolid 1992.

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domingo, 21 de junio de 2009

EJERCICIOS ESPIRITUALES DE UNO EN UNO

Uno más uno son dos...Y si seguimos sumando o multiplicando no hay quien pare la cifra. Lo malo es cuando nos quedamos o restamos. ¿Merece la pena dedicar 48 horas a 1 joven? Todos los que hemos practicado alguna vez los Ejercicios de San Ignacio lo afirmamos con rotundidad. Sabemos que el Santo de Loyola dirigió varias tandas de Ejercicios de un mes y a uno solo. Pero, ¿quién está dispuesto a seguirle aunque sea por un fin de semana? Si todos los que nos hemos beneficiado de los frutos de esta formidable experiencia, la pusiésemos en práctica, serían millares los nuevos ejercitantes.

Todo este preámbulo para compartirles mi gracia de este fin de semana. Todo ha sido de lo más sencillo y natural. En mi clase de Historia de la Educación aludí a la riqueza de “los ejercicios” y su superioridad con respecto a teorías, métodos...y que yo solía practicarlos y dirigirlos. “Con uno que esté dispuesto yo les doy los Ejercicios”  Y uno de mis alumnos se animó.  Como tenía volantes con la fecha y el lugar, en los pasillos de la Universidad felicité a un alumno por lo bien que había cantado en el coro, hablamos, y “¿quieres vivir una aventura apasionante este fin de semana? Un Retiro en silencio para encontrarte contigo, con Dios, con los demás...”. “Ya, profe, déjeme que lo piense y lo consulte con mi familia”. Y también se apuntó.

Total que les dije que llevasen la Biblia, el cuaderno, lapicero, las sábanas y útiles de aseo, “grande ánimo y liberalidad” y que les esperaba en el paradero de las combis de Chosica... Y a la hora convenida nos encontramos los tres. Tras dos horas de infernal ruido de los carros llegamos al celestial silencio de la Casa de Ñaña. ¡Qué serenidad, paz, sosiego!  “Silencio de labios, de ojos, de imaginación”... Como siempre. “El hombre es creado para ser feliz, para alabar a Dios, para salvar el alma” Lo de siempre.” ¡Corazón de Jesús, en tu día, confío en Ti!” “¡Ven Espíritu Santo, ven por María!”. Y el fin de semana se pasó volando, y los dos jóvenes ¡felices de verdad! Contentos a rabiar y dispuestos a la santidad. Sí, se puede hablar con Dios. Sí, se puede gozar de la intimidad de Jesús. Con el Rosario en la mano, la contemplación ignaciana, la confesión, la comunión, el diálogo enriquecedor... Redescubrimos que Dios está en nuestro interior, que el mundo tiene hambre como nunca de Él. Que no tiene otros labios para hablar ni otro corazón para amar que el nuestro.

Ya nos pusimos de acuerdo para que el próximo mes sean “2 x 3”, porque “la llama si no se propaga se apaga”. Y así, “piano piano iremos lontano”  colaboramos a la Gran Misión Continental. Sí, en nuestro tiempo de globalización, San Ignacio nos invita a “ver la grande capacidad y redondez del mundo” (“Ejercicios Espirituales nn.102) desde este gesto tan pequeño pero vital.

Les comparto la foto de un retiro anterior con jóvenes en su mayoría de secundaria.

 

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miércoles, 17 de junio de 2009

Camino a Damasco. El inicio de una vida nueva

Estamos en el sprint final del año jubilar paulino y Lima lo corona con una exposición de primera, la que sirvió como inauguración en el Vaticano, gracias a la Conferencia Episcopal Italiana y a Comunión y Liberación. Aquí estará en los claustros de San Francisco, junto a la plaza de armas. Les comparto un extracto de del texto del folleto de la muestra:

El cristianismo es el anuncio de un hecho que ha alcanzado y transformado nuestra vida. Eso se comunica normalmente en el encuentro de una persona con otra persona. Cada comunicación para ser verdadera y persuasiva debe ser comunicación de sí: nosotros comunicamos verdaderamente solo aquello que nos ha impactado primero a nosotros.

Esto nos enseña Pablo que a todos ha anunciado aquello que había encontrado – Cristo resucitado -, por el cual había sido conquistado y transformado: <<Para mi vivir es Cristo>>.

La vida de Pablo, de perseguidor a testigo, es la nueva identidad surgida por el evento que le ha sucedido “camino a Damasco”, se ofrece a cada uno como ocasión para una verificación de la propia vida y de la propia fe, al punto de ser incitados a una pasión más intensa de comunicar a los demás aquello que se ha (re)descubierto verdadero para sí mismos.

Esta guía breve a la muestra contiene algunas intervenciones de los curadores que presentan el filo rojo de las respectivas contribuciones; inicia señalando algunas profundizaciones que remiten al catálogo del cual se subraya como original contribución la entrevista a Marta Sordi que profundiza el contexto religioso, cultural, social y político en el cual ha vivido Pablo.

Los promotores. La muestra itinerante ha sido promovida por el Servicio Nacional para el proyecto cultural de la CEI que ha propuesto la realización a Itaca en virtud del hecho que, además de ser la casa editorial, también opera en el sector de la promoción cultural mediante la producción de muestras itinerantes.

Esta se coloca al inicio del Año Paulino como instrumento para hacer conocer la vida y las enseñanzas de San Pablo, del cual como nos ha recordado Benedicto XVI, aprender la fe – verdadera respuesta a las preguntas más profundas del hombre – y su pasión por el Evangelio, del cual todos nosotros tenemos profunda necesidad.

El recorrido de la muestra

La exposición se articula en dos secciones y en un epílogo. La primera sección, siguiendo la narración de los Hechos de los Apóstoles, reconstruye los momentos resaltantes de la vida de San Pablo, desde Jerusalén (martirio de San Esteban) a Roma (martirio de San Pablo), considerada en el contexto de la historia y de la misión de la Iglesia de los orígenes.

Cada panel presenta una imagen con carácter artístico o arqueológico sobre los lugares paulinos; el mapa geográfico, la concordancia narrativa; citas dichas en los Hechos o de las Cartas; el comentario que hace salir estilos y contenidos de la predicación de Pablo, su obra de edificador de la Iglesia, la personalidad de hombre aferrado por el Señor.

La segunda sección, en la cual tiene gran importancia el embellecimiento iconográfico, nos presenta en la humanidad de Pablo, en su nueva identidad, fruto de la sorprendente iniciativa de Dios, la fuente de verdadera libertad. Aferrado a Cristo, Pablo lo anuncia a todos como el único en quien se encuentra salvación: así, donde quiera que llega, genera comunidad. Ensimismado con Él hasta incluso compartir la pasión, él participa en su victoria y muestra el destino de gloria al cual es llamado cada hombre.

Emerge así la estatura de una de las personalidades que más han marcado y dado forma a la civilización occidental. En él el drama de la existencia ha encontrado una singular conciencia, expresada en sus cartas, y un apasionado testimonio, hasta el martirio, de la verdad encontrada, en nombre de la cual era cordialmente abierto al encuentro y al diálogo con todos, desde el humilde carcelero de Filipo hasta el poderoso primer ministro de la corte imperial y jefe del estoicismo romano, Séneca.

El epílogo condensa en una imagen la misión de la Iglesia en el mundo. Gracias a la acción del Espíritu Santo, estrecha entorno a Pedro y Pablo, ella se muestra como una nueva ciudad en la que se concretiza “un modo nuevo y auténtico de ser hermanos, hecho posible por el Evangelio de Jesucristo” (Benedicto XVI), ofrecido a todos los hombres.

Conocer y confrontarse con su enseñanza y su testimonio permite afrontar los temas más profundos de la vida personal y social. San Pablo, de hecho, en el diálogo y en la confrontación con la cultura judía y helénica, ha mostrado la novedad del cristianismo y delineado una forma nueva en las relaciones entre los hombres en las que las divisiones entre judíos y griegos, entre esclavos y libres, entre hombre y mujer son superadas en el origen de la común pertenencia a Cristo. En tal modo, es anunciando a Cristo como aquél que ha derribado el muro de separación entre Hebreos y paganos, “venciendo la enemistad”, indicaba el cambio del corazón, fruto de la adhesión a Cristo, como camino de la fraternidad y de la paz entre los pueblos.

Los curadores

La muestra, pensada y coordinada por mí, es el fruto del trabajo de diferentes colaboradores. La primera sección ha sido curada por el p. Giorgio M. Vigna, ofm., comisario de Tierra Santa en Piemonte, en colaboración con el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén; la segunda sección, que desarrolla cuatro temas, ha sido curada por don Gianluca Attanasio y don Jonah Lynch, de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo. Sandro Chierici, historiador de arte y director editorial de Ultreva, es el autor de la investigación y del comentario iconográfico.

Las imágenes no son decorativas. Aquellas de carácter arqueológico indican que la de Pablo es una historia real y que ha vivido la fe dentro del contexto religioso, cultural, social y político de su tiempo; aquellas de carácter artístico muestran la interpretación que de los hechos o de la personalidad de Pablo ellas han dado.

En la fase de realización ha sido determinante el aporte del diseñador gráfico Andrea Cimatti, que ha sabido dar a la riqueza de los materiales – textos e imágenes – puesta a disposición de los curadores una forma que alguno ha definido “espectacular”, adjetivo que define algo que atrae la mirada, que impacta en primer lugar a los ojos y, a través de ellos, provoca un movimiento del corazón y de la mente.

Comentarios Finales

Cuando en diciembre de 1989 fundé Itaca, elegí éste nombre después de la lectura de una frase en la cual Mircea Eliade describe a Ulises como emblema del hombre que en el viaje de la vida arriesga de perderse, como en un laberinto, y sin embargo tiende siempre a volver a Itaca para encontrar la casa. Es decir el afecto en el cual la vida encuentra su consistencia, como dice Santo Tomás: <<La vida del hombre consiste en el afecto que principalmente le sostiene y en el cual encuentra la satisfacción más grande>>.

La muestra tiene como trasfondo las preguntas que acompañan, a menudo inconscientemente, la vida de cada hombre: ¿quién puede hacer feliz al hombre, protagonista de la propia vida y responsable frente al mundo?

¿Quién puede ser respuesta adecuada a su deseo, porque, si uno es leal con la experiencia, es “deseo infinito” de infinito, que no puede nunca detenerse definitivamente sobre una cosa, porque como decía Montale, <<todas las imágenes llevan escrito “más allá”>>. Más dramáticamente escribía Rebora: <<Cualquier cosa tú digas o hagas/ hay un grito adentro: / ¡no es por esto, no es por esto! / Y así todo remite / a una secreta pregunta…>>.

¿Qué da sentido al vivir y al morir, qué hace que los instantes de la vida, las acciones, las palabras no sean presa de la nada y el hombre <<una pasión inútil>>, como decía Sartre? El epílogo de la muestra se conecta a otro grupo de preguntas: ¿Qué vence la extrañeza y la enemistad que con tanta facilidad y tan a menudo se anida en las relaciones entre los hombres, y puede permitir el acontecer de la unidad entre hombre y mujer, entre jefe y dependiente, entre judíos y griegos, entre las culturas y los pueblos, por todos deseada y deseada y que aún parecen de imposible realización?

Si estas preguntas son verdaderas y continúan, más allá de cada anestesia fruto de la mentalidad que respiramos cada día, acogiéndola en lo profundo del corazón de cada uno, ¿quién puede despertarle si no un testimonio, uno que sus ojos han visto, metiéndonos en la escuela de quien también nosotros podamos ver? Para volver a Itaca y reencontrase así mismo y la amistad con los demás hombres, Ulises – cada uno de nosotros – debe meterse en la escuela de Pablo.

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LA PROCESIÓN CÍVICA DEL VÍTOR EN MAYORGA




Les incluyo un interesante concurso en el que se incluye la fiesta del vítor de Santo Toribio. Les adjunto un artículo que escribí con motivo de mi participación en 1999. Coloco una foto de los cientos de vítores de mi Universidad de Salamanca con motivo de los doctorados y una foto de la fiesta del vítor de Mayorga.


http://www.ibocc.org/patrimonio.php


Elección de los 10 Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España


El Bureau Internacional de Capitales Culturales desarrolla la campaña de elección de los 10 tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España con la voluntad de promover, divulgar, sensibilizar y salvaguardar el rico patrimonio cultural inmaterial español.


El patrimonio cultural inmaterial se define, según la Convención para la protección del patrimonio inmaterial de la Unesco, como los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural. Algunas de sus características son las siguientes: se transmite de generación en generación; es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia; infunde a las comunidades y los grupos un sentimiento de identidad y de continuidad; promueve el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana; es compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes; cumple los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.


El patrimonio cultural inmaterial se manifiesta, en particular, en los ámbitos siguientes: tradiciones y expresiones orales; artes del espectáculo, como la música tradicional, la danza y el teatro; usos sociales, rituales y actos festivos; conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; técnicas artesanales tradicionales.


La Unesco tiene una lista de noventa elementos representativos de todo el mundo, en el ámbito del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, entre los que encontramos La Patum de Berga y el Misteri d’Elx.


Hasta el 28 de Junio de 2009, a las doce de la noche, los ciudadanos que lo deseen pueden emitir su voto para la elección de los 10 Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España.


Se puede votar por una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nuevo o diez de las 45 candidaturas que aspiran a convertirse en alguno de los 10 Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, pero no se puede votar más de una vez la misma candidatura, por cada canal de votación.


34 - Procesión Cívica de El Vítor de Mayorga (Valladolid)


La Procesión Cívica de El Vítor se celebra cada 27 de septiembre en la localidad vallisoletana de Mayorga de Campos. Se trata de un desfile muy peculiar donde los vecinos participan vestidos con ropas viejas y las cabezas cubiertas. Con el inicio de la procesión comienza la quema de pellejos de cuero que se utilizaron para almacenar el vino, pellejos que se cuelgan de varales. A partir de entonces una nube de humo, fuego, olor a pez quemado y cánticos servirán para rendir homenaje a Santo Toribio, que fue un misionero oriundo del pueblo y canonizado en el siglo XVIII. Con estos actos se rememora el día en que el pueblo recibió las reliquias del Santo, en cuyo nombre se lanzaron a la calle con teas y antorchas encendidas.


Uno de los momentos más emotivos se produce cuando la procesión llega a la Plaza Mayor donde un espectáculo de fuegos artificiales rompe con la dinámica. Uno de ellos simulará la imagen de Santo Toribio, momento en el que todos los mayorganos se pondrán de rodillas para cantar el himno al Santo. El canto de la Salve, en la ermita de Santo Toribio, pone el punto y final a la Procesión Cívica del Vítor.



LA FIESTA DEL VÍTOR EN MAYORGA POR SANTO TORIBIO


Todos los 27 de septiembre, miles de antorchas aclaman al santo -


Gracias a Teresa Garcia de la Viuda vuelvo a asomarme a la fiesta toribiana del vítor. Vean las fotos en http://www.flickr.com/photos/31259832@N04/sets/. La Secretaría General de Turismo otorgó el título de Fiesta de interés Turístico Nacional a la celebración de “El Vítor” el 27 de junio del 2003. Yo tuve la suerte de participar en 1999. Les ofrezco lo que sé por investigación y mi vivencia


27 de septiembre. Otra vez, como desde hace siglos, pero con renovada ilusión, el santo brotado de esta tierra, el paisano más universal, el hidalgo castellanoleonés que abrazó todas las razas, santo Toribio Mogrovejo, vuelve a brillar en el firmamento de Mayorga.


Todo comenzó un 11 de noviembre de 1538, cuando Ana de Robledo, esposa del regidor de la villa, Luis Mogrovejo daba a luz a un bebé al que llamaron Toribio. El niño creció, correteó por estas calles, estudió en los PP. Franciscanos, cometió las travesuras como todos los críos, se empapó de horizonte, de historia y de hogar, y comenzó a caminar. A Valladolid, Salamanca, Coimbra, Compostela...Ya es Licenciado en Derecho. Pronto le nombran inquisidor, en la Granada cautivadora y moruna, donde dará muestras de su proceder justo y solidario...Allá le llegará el nombramiento que cambiará toda su vida. No ha cumplido los 40 años, es laico...y se le confiere nada más y nada menos que el arzobispado de Lima. Le parece demasiado, duda aceptar, pero confiado en Dios, acepta y se embarca en Sevilla. Un emigrante más, un emigrante que no volvió nunca, un emigrante que enterró 25 años de su vida para resucitar una diócesis tan extensa como 15 Españas. Y recorrió todo el territorio, en mula o andando, para comunicarse, para convivir con sus fieles, los indios, los negros, los mestizos, o los criollos, como Rosa de Lima a la que tuvo el honor de confirmar. Nada le detiene, ni el sol ni las lluvias...es una rueda en continuo movimiento como diría de él el virrey Cañete. Convoca sínodos y concilios para hablar con sus obispos y sus curas de lo único que le importaba: el bien de sus hijos, sus derechos, su promoción humana y social, su evangelización integral. No es suyo el tiempo, vive en la eternidad. No tiene dinero quien todo lo da, por eso le llamaron el arzobispo limosnero, hoy le otorgaríamos el Nobel de la Paz por su compromiso solidario, por crear las bases de una nueva sociedad mestiza, con lo mejor de la cultura prehispánica, la renacentista española, la afromaericana, formando algo nuevo y distinto en el crisol del cristianismo...Y un 23 de marzo de 1606, en una choza del pueblo de Saña, emprende el viaje para la eternidad.


Pasan los años y la Iglesia le proclama santo universal. Si toda la humanidad, especialmente los cristianos, se alegran con esa buena nueva, hay un pueblo que lo manifiesta de miles de maneras. Mayorga se llena de luz, se estremece y canta alborozada...Emplazada en lo alto de la vega del río Cega, destaca como un palmeral de siluetas que corresponden a sus templos, casas señoriales, palomares...La Meóriga romana fue llamada Castrofroilaz durante los siglos X y XI; destruida por Almanzor fue reconstruida y fortificada en el S.XII por el rey Fernando II. A finales del XII toma el nombre actual de Mayorga y a finales de la Edad Media fue dada al Conde de Benavente por el rey Juan II. Su enclave estratégico transforma sus tierras de cultivo en teatro de guerras como recuerdan los restos de sus murallas. Sus muros albergaron una poderosa colonia de judíos y edificios mudéjares. Entre otros edificios religiosos destacan la iglesia del Salvador, santa María de Arbas, santa María del Mercado, santa Maria, el convento de san Pedro Mártir, santa María de la Plaza y la ermita de santo Toribio. Al pasear por sus estrechas calles se admiran las fachadas de ladrillo decoradas con volutas y placas como la Casa del Conde o de los Pimentel. Y como elemento significativo de la arquitectura civil, testigo legendario de la justicia y de las ferias anuales de ganado es el señorial rollo del siglo XVI, junto al que se levanta un moderno monumento a santo Toribio. No hay tiempo para ver los pacíficos palomares o para escuchar nostálgicas habaneras de la que Mayorga hoy es capital... Estallan los cohetes y repican las campanas. El vítor nos reclama.


La Universidad de Salamanca otorgaba el vítor, el símbolo de vencedor, a sus doctores. El clásico historiador salmantino M. Villar recoge esta popular tradición:


"No sólo se trazaban los vítores en las paredes de la universidad, sino principalmente en los muros de las casas, colegios o conventos que habitaban los agraciados ya con algún título académico, ya con la propiedad de una cátedra; expresando el vítor el nombre del catedrático, la cátedra obtenida y a veces el año; aún existen muchos vítores, conservándose legibles los letreros de colorado almagre. La palabra vítor, se halla escrita casi siempre en abreviatura, acompañada en muchas ocasiones de una palma y una espada. También se escribían los vítores en tarjetones que los estudiantes paseaban a modo de estandarte, por plazas y calles” (M. Villar y Macías Historia de Salamanca. Salamanca, 1905. III, p.59.


Estas palabras se estampaban también con almagre por las paredes en obsequio a los que salían airosos en tales contiendas, especialmente en las universidades. Aludiendo a esta costumbre, dice el personaje "Tulipán" en el baile de "Las Flores" de Alonso de Olmedo, dirigiéndose a "Clavelina":


- ¡Tú conmigo que pareces


pared de Universidad


A quien vítores de almagre


ensangrentaron la faz!



No sólo se trazaban los vítores en las paredes de las universidades, sino principalmente en las de las casas, colegios o conventos que habitaban los agraciados ya con algún título académico, ya con la propiedad de una cátedra; expresando el vítor el nombre del catedrático, la cátedra obtenida y a veces el año; aún existen muchos vítores, conservándose legibles los letreros de colorado almagre. La palabra vítor, se halla escrita casi siempre en abreviatura, acompañada en muchas ocasiones de una palma y una espada. También se escribían los vítores en tarjetones que los estudiantes paseaban a modo de estandarte, por plazas y calles".



En la Universidad de Valladolid, sin ir más lejos, en el claustro del Palacio de Santa Cruz campean los vítores en honor a todos los doctores "honoris causa" nombrados por la Universidad. Junto al emblema descrito anteriormente figura el año y el nombre del doctor.


Para festejar la canonización del doctor santo, Salamanca organizó un octavario solemne acompañado de cohetes artificiales en 1727 y hasta dos corridas de toros en la Plaza Mayor.


Mayorga, cuna de santo Toribio, reclamó para sí alguna reliquia de su cuerpo. El Cabildo Catedralicio de Lima realizó las gestiones y se la envió con gozo. La nueva reliquia consistió en un peroné montado verticalmente dentro de un relicario piramidal de cristal sobre monturas de plata. Sucedió en 1752, 26 años después de su canonización. Tras surcar las aguas del Pacífico y recorrer los 12.500 kms. de distancia, llegaron a la tierra castellanoleonesa un 27 de septiembre a las 11 de la noche. No tenemos pruebas documentales definitivas sobre la primera celebración del vítor. Aunque se da como fecha la de 1752, por la llegada de las reliquias, sin embargo no aparece documentado hasta 1775 en el Libro de cuentas del Archivo Parroquial. En el Libro de Actas de la Congregación folio 49, hay que esperar hasta 21-9-1828 para la que denominan "Función de la Santa Reliquia"(): En 21-9-1728 se hizo la función de la santa reliquia de nuestro santo por esta BC (Beata Congregación) por no haber habido mayordomo dijo la Misa por turno D.Jerónimo Fernández uno de los señores sacerdotes congregantes y predicó Fr. Juan Pérez de Prado, religioso de S. Francisco. y natural de esta villa y por verdad lo firmo como prioste dicho día, mes y año. Alberto Revaque. Es lo que parece recoger el primer Libro de Actas cuando al hablar de la "Función de la Santa Reliquia" el 26 de septiembre de 1852 afirma con rotundidad:


"La venerable congregación de Santo Toribio Alfonso Mogrovejo natural de esta villa de Mayorga celebró el aniversario de la entrada en la misma de la Santa Reliquia de su glorioso patrono y paisano verificada a mediados del siglo pasado con vísperas, misa solemne, completas y procesión. Dijo la misa D. Santiago Santerbas por el hermano seglar Toribio Casilla, predicó Pr. Jacobo Fonseca, exclaustrado de la orden de san Bernardo y natural de Villacid. Fdo. Santiago Santebajo".



En el Archivo del Ayuntamiento se guardan diversos programas de la fiesta. En el de 1894, el programa se abre el día 26, a las 12 de la mañana con la actuación de la banda municipal dirigida por el profesor D. Valentín Alonso Arias, al elevación de “un magnífico y elegante globo”, la distribución de limosnas a los pobres de solemnidad, a los que se darán bonos de pesetas; por la tarde en la “Ermita del Ilustre Mayorgano Santo TA de M unas muy solemnes vísperas con asistencia del Ayuntamiento, Congregación y Comisiones”.


Al día siguiente, 27, se hizo el recorrido de la banda municipal de dulzainas de la villa, con descarga de morteros y voladores, así como repique general de campanas. La función religiosa organizada por la Congregación del Santo, con una misa “a toda orquesta y estando el sermón a cargo de un ilustre orador”. Otro globo en la plaza mayor y nuevo recorrido de la banda y dulzainas. Por la noche, a las ocho, tendrá lugar la “Procesión cívica del Vítor” que saldrá de la Ermita de dicho santo y a la que asistirá el Ayuntamiento y Congregación, llevando un individuo de la última el estandarte llamado Vítor, recuerdo del aniversario de la llegada a esta Villa de la reliquia del ilustre Santo Toribio, disparándose durante su recorrido que hará por varias y principales calles de la población, infinidad de voladores, acompañándose de la banda municipal y dulzainas, y alumbrándose con multitud de hachas de viento hasta llegar a la Casa Consistorial, donde hará descanso mientras se haga la ascensión de un grandioso globo iluminado y dure la función de fuegos artificiales a cargo del acreditado pirotécnico de Valderas Don Manuel Rodríguez e hijos con un apretado programa de 35 actos que termina con “grandiosa decoración representando la imagen de Santo Toribio, con inscripción alusiva al acto y terminando con un gigantesco ramillete de numerosos voladores. Un final con iluminación, tronería, balas de color, de tiro, sierpecillas y erupciones volcánicas” concluyendo con una descarga de voladores que cubrirá el espacio con adornos y una fuerte explosión. El Ayuntamiento y Círculo de recreo estarán muy bien iluminados. Terminada la función, la Procesión Cívica se reanudará y recorrerá el resto de la población hasta llegar al punto de salida, donde se disolverá”. De este modo, en cuanto los mayorganos tuvieron conocimiento del suceso, salieron a esperar las reliquias con teas encendidas y en fervorosa procesión las llevaron a la iglesia.


La tradición no se ha interrumpido y año tras año se saca el vítor, la reliquia y en festiva procesión se pasea por el pueblo, para que lo bendiga de nuevo, para darle la enhorabuena. Todo tiene cierto sabor taurino, le dan la vuelta al ruedo, a hombros y por la puerta grande como solo se merecen los santos.


La víspera de la fiesta, el 26, tal como rezan las Ordenanzas Municipales, la Congregación representado por sus mayordomos, cada uno con su insignia va a casa del señor Ángel, custodio del vítor, desde donde sale el vítores acompañado de las insignias, las autoridades civiles y religiosas y la banda de música. En la iglesia, cada cual se coloca en su sitio habitual y comienzan las vísperas a las 10,30 de la noche. En la plaza Mayor tiene lugar la quema del cubo. En el cubo va el eje de un carro de dos ruedas de madera, conmemorándose las ciencias estudiadas por el Santo: Gramática, Filosofía, Geometría, Astronomía, Cosmografía y Teología y Jurisprudencia.


Comienzan los actos con la Misa mayor, a las 12 del mediodía, en la ermita. Rebosante a más no poder, apretados para tributar el homenaje a su santo. A continuación, los congregantes de Santo Toribio -fundados en 1733-, personalidades ilustres, mayorganos visitantes se dirigen al Ayuntamiento, que tradicionalmente - por su voto de la villa de atender a todos los menesteres de la fiesta- invita a todos a celebrar la fiesta con un fraternal aperitivo.


A las cinco de la tarde sale la procesión por todo el pueblo. Las calles de la villa sienten de nuevo el paso benéfico de la imagen del mayorgano más ilustre. Quizá no marchan tan bien formados como antaño, pero el santo da cohesión y unidad a todos, pequeños y grandes, los de dentro y los de fuera, rompiendo todas las fronteras. La comitiva se dirige hasta la Iglesia de las Dominicas, convento seis veces centenario donde vivió María Coco - hermana del santo - y donde se canta un himno propio por parte de las Religiosas Dominicas y el habitual por todo el pueblo. En la actualidad y, desde la Navidad de 1994, dos dominicas del Convento de Santa Rosa de Lima, sor Celeste Chaves y sor Raquel Zurita, han reforzado con savia nueva este acrisolado monasterio.



En el Libro de Actas de la Congregación se da cumplida información del día de la celebración (oscila entre el 21 y 30 de septiembre hasta que el 10 de septiembre de 1900 se acuerda su celebración fija el 27 de septiembre. Los datos aportados se refieren al nombre del predicador en la misa solemne, la institución responsable de la organización -siempre la Congregación excepto en 1845 que paga también el Ayuntamiento, si hay o no fuegos artificiales y corridas de toros o novillos.


Todos los vecinos, amigos y curiosos marchan a cenar y se preparan para la fiesta del vítor. La vestimenta se compone de la ropa más "vieja" y desusada, o un mono, acompañada del sombrero con el ala más abierta y guantes. Hay que prevenirse bien para evitar las previsibles manchas al caer la pez prendida. La muchedumbre que participa en la procesión se concentra en la explanada de la ermita.


A las 10.30, los cohetes disparados al aire y el repique alborozado de las campanas dan la salida a la "maravillosa y grandiosa procesión cívica del Vítor que con su optimismo y originalidad recorre el tradicional itinerario del pueblo" -como reza el programa de las fiestas. Hasta Portugal se ha viajado para conseguir los pellejos que una comisión formada al efecto va distribuyendo a todos -unos mil- los que se quieren "quemar". El Vítor, estandarte o enseña en forma de cruz, fielmente custodiado por la familia de Ángel García Fierro, que va pasando religiosamente esta celosa responsabilidad, es portado por un congregante.


Las antorchas actuales están formadas por enormes varales o pértigas de los que penden los viejos pellejos usados como recipientes de vino, a los que se unta de brea, mezcla de sebo y aceite de pescado. Curiosamente a los mayorganos les cuesta cada vez más encontrar talleres que realicen estas piezas. Actualmente traen pieles de cabrito de Covarrubias, en Burgos. Con mucho mimo las llenan de pez, las sacan aire y secan, las meten siete días en vino y las vuelven a secar, para tener a punto los pellejos el día de la procesión. Encendidos dan luz, color y calor a la escena dotándola de mágicas imágenes en el dilatado cielo castellanoleonés. Envueltos en este alucinante espectáculo de fuego se marcha en alegre conversación al tiempo que se derriten los pellejos; hay que tener mucho cuidado para no embadurnarse con semejante material que pringa toda la acera.


Los niños van en primera fila y luego el resto, al final el vítor escoltado por las insignias. Todo se permite en esta carrera, bailes, cánticos, vivas atronadores, trajes ridículos, luminarias con pellejos empegados en elevadísimos varales, contorsiones mímicas que arrancan la risa al pecho más serio; confusión y laberinto por todos los lados, pero en la mayor concordia, sin insultos ni atentados de ningún género no teniendo más fin que honrar al Santo de cada uno, el santo de todos...


La medida del amor es amar sin medida y el cariño por el santo cada uno lo manifiesta como mejor sabe, de mil y una maneras... El pasacalles monótono y divertido a base de canciones castellanas, murgas y habaneras, tiene cuerda para cinco largas horas de devota jarana. Les pongo una muestra: “Con usted me tengo que ir, a las orillas del mar/ porque soy marinerito/ de las orillas del mar. Que no te peines/ para los toreros / que va a los toros/ con sal y salero. Los toreros en Mayorga/ cuando salen a la plaza/ llevan zapatitos bajos/ con las hebillas de plata/ deténte toro que soy torero”.


Al llegar a la Plaza Mayor, la procesión-manifestación se detiene frente al balcón del Ayuntamiento. En ese momento los cohetes comienzan a tronar al unísono con los fuegos artificiales convirtiendo la noche en un espectáculo excepcional. Periodistas y fotógrafos se dan cita puntual junto a los hijos de sangre y los adoptivos de Mayorga. Desde Barcelona, Madrid, se trasladan para vivir el Vítor. Se charla, se canta, se baila, se bebe, se aplaude, pero todo en una sana algarabía y sin notas discordantes. Es verdaderamente un milagro el que no haya ningún accidente, quemadura, peleas, teniendo como se tienen todos los ingredientes para montar la de San Quintín, fuego, varales, vino...Disfraces, canciones, bailes, todo se presta a la unidad en torno al Santo...


Por fin, en el centro de la plaza, justamente en el lado opuesto del busto del santo que preside el jardín, en medio de fuegos y ambiente multicolor, se desenrollan las figuras de santo Toribio y de Santa Rosa, que es iluminada con gran esplendor; en ese momento caen todos rendidos y postrados de rodillas ante el santo al que dedican su himno y al que impetran gracias para el nuevo curso. Una vez terminados los fuegos, baja el Ayuntamiento para seguir su recorrido, siguiendo la misma marcha. Éste es uno de los momentos culminantes del recorrido como me contaba una joven universitaria que ha participado durante 5 años seguidos y el sufrimiento que le causó el llegar tarde en una ocasión.


Se vuelve a salir de la plaza por las calles principales del pueblo. Sigue el bullicio, griterío, ruido de las bombas, músicas, dulzainas que en conjunto forman un verdadero campo de confusiones indefinidas... se enfila la última calle para desembocar en la ermita. Se apagan las corambres y se pasa a templo como si de un torrente se tratase, todos en tromba y... los ángeles vuelven a hacer otro milagro evitando lógicos accidentes. Es el momento de la Salve que entonan fervorosamente un buen grupo y que otros corean como pueden. El broche de oro lo pone el himno que cantan con la garganta y el corazón. Todos se unen como una sola voz en torno al mayorgano más ilustre y al que nuevamente han honrado por todo lo alto y se prometen volverlo a hacer por todos los años que "el Señor nos dé vida". Así lo recoge una mayorgana actual Ángela Polo: “cuando son las cuatro y media o cinco de la madrugada el Vítor llega a la puerta de la iglesia, la gente apaga los pellejos encendidos y todos esperan poder entrar al interior de la ermita para rendirle a su Santo el último homenaje del año. Una vez en el interior, todo se ha vuelto silencio, la música ya no toca, es el momento de entonar con fe la Salve a la Santísima Virgen y el himno a Santo Toribio con gran entusiasmo y darle vivas”


En el cielo de Mayorga, las estrellas parecen cobrar nueva luz. En el silencio de la noche, confundidas con las notas nostálgicas de la charanga o los murmullos de anónimas voces, la memoria de una estrella con nombre propio, que de nuevo ha vuelto a brillar con luz popular: Santo Toribio.


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